EL DEDO

Ocurrió justo cuando todas las instituciones de seguridad pública se encuentran en las calles como reacción al aumento en el índice delictivo. Un taxista y un ex colaborador de maquilas fueron víctimas de secuestro exprés, con retención ilegal en un hotel de la ciudad y el pago de rescate de 50 mil pesos entre las familias de los dos plagiados. Afortunadamente, los dos están sanos y salvos, como otras tres personas más que habrían sido blanco de esa modalidad de secuestro en la que las víctimas son privadas de la libertad por horas hasta que reciben el pago de miles de pesos, algo que está tipificado como delito federal. Lo anterior debiera ocupar a las autoridades de la mesa de seguridad porque en el tiempo que llevan intentando construir la paz en esta región, no solo no han podido bajar la incidencia de delitos graves y no graves, sino que se han presentado otras formas de operar de criminales que no se perpetraban en Guaymas y Empalme. De hecho, durante muchos años el secuestro tuvo un índice de cero en esta parte de Sonora y ahora ya se presenta con una modalidad en la que no son las víctimas comunes con considerable fuente de ingresos, sino profesionistas o trabajadores que tienen cierta liquidez para pagar miles de pesos en un rescate. En medio de un operativo que anunciaron como permanente, las corporaciones civiles y militares pudieran dar buen golpe si se concentran en capturar a los responsables de estos actos ilícitos para sentar un precedente de cero impunidad y evitar que esos delitos que causan terror, se cometan en Guaymas como pasa en el sur del país y que lo último que se desea es que crezcan en la ciudad, para riesgo de las familias que se esfuerzan por mejorar calidad de vida y terminan en las garras de criminales.

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