EL DEDO

El alumbrado público es asignatura pendiente en el municipio desde hace más de una década, cuando al gobierno se le ocurrió hacer negocio con las lámparas. Desde el caso Lustronic con focos caros y defectuosos no ha habido administración que pueda abatir el rezago, al contrario, el problema de oscuridad ha ido en aumento hasta convertirse en factor de riesgo por la inseguridad y es con ese rezago como llega al poder el gobierno de la cuarta transformación. De hecho, entre las promesas de campaña, Sara Valle ofreció resolver el problema con honestidad y sin concesiones, pero, como ha sido su estilo, llegando a palacio se le olvidó y empezó con la promoción de una empresa que impulsa un proyecto caro de concesión del servicio de alumbrado público. Como en otros trienios, la iniciativa fracasó y el grupo en el poder no consiguió los votos en el Cabildo para poder consolidar esa privatización. Así que, sin ingresos millonarios, el gobierno dejó de poner interés a ese servicio que, aunque la alcaldesa informe la instalación de 12 mil nuevas lámparas, no se ha podido abatir el rezago y menos porque ya no habrá privatización. Actualmente, ni la avenida Serdán está cien por ciento iluminada como si después del fracaso del negocio, decidido parar toda reparación en colonias y bulevares. No, la alcaldesa se equivoca de nuevo, el servicio de alumbrado público es una obligación constitucional para los Ayuntamientos, no es opcional ni se puede eludir la responsabilidad. Si no pudieron hacer negocio, no es culpa de la gente, el gobierno tiene que hacer valer el recurso del Dap y aplicarlo con transparencia, de lo contrario, van a heredar un déficit más alto y grave que el que recibieron, para dejar una ciudad oscura y en riesgo

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