EL DEDO

La Secretaría de Marina conserva el respeto de los mexicanos, por ser una de las instituciones que se mantuvo al margen del viejo régimen, con pocos casos de corrupción y una formación basada en la disciplina y el honor. A la milicia le corresponde encabezar las tareas de la estrategia de seguridad federal y, al menos en esta región, no lo han hecho nada bien, con el riesgo de perder la confianza de la ciudadanía por los constantes señalamientos de deshonestidad de algunos marinos. Ejemplo claro es el comisario de seguridad pública, Andrés Humberto Cano Ahuir, cuyas formas poco ortodoxas para dirigir la corporación policiaca son conocidas a nivel nacional, lo mismo con las malas prácticas de militares grabados cuando despojaban a pescadores o las denuncias no formales sobre casos de extorsión. Ante esos cuestionamientos, la Marina ha guardado silencio sin emprender acciones para deslindar responsabilidades y eso es lo más preocupante, porque una de las causas por las cuales la corrupción se arraigó en otras instituciones es por la falta de castigo. Ante la impunidad, los servidores públicos dejaron sus compromisos durante años para pervertir el sistema de gobierno en todos los rubros, incluyendo la seguridad pública en todos los niveles, lo que llevó al país a una crisis de la cual se está intentando salir, se supone, a través del proyecto de la cuarta transformación, por eso lo que se necesita ahora es mano dura, contra la corrupción del viejo régimen y contra los actuales funcionarios deshonestos. No se trata de cacería de brujas interna, sino de aceptar errores, sancionarlos, corregir y seguir adelante en ese esfuerzo por cambiar al país, para sentar un precedente de cero tolerancia en la Marina, en las policías y en todos los niveles de gobierno porque, mientras no haya sanciones para el corrupto, mientras sigan las irregularidades, no habrá esperanza de sanear las instituciones y mejorar la seguridad pública en la región y en el país.

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