EL DEDO

Se fue Rodolfo Valenzuela y llegó Antonio Pérez a la contraloría. Eso no es novedad, se advirtió desde hace meses, la nueva es que la alcaldesa Sara Valle perdió la mayoría en el Cabildo, incluso a los más cercanos. Regidores como Estanislao Pineda se le rebelaron a la presidenta después de dos años fieles a sus deseos, para provocar más desgaste en la figura presidencial y todavía más conflictos internos. Ahora, la alcaldesa enfrenta el problema de distanciamiento con un grupo de ediles a quienes se verá obligada a buscar para limar asperezas, con costo a su posición de lideresa porque es evidente que perdió peso entre su fracción, lo que habla del carente oficio político demostrado por ella durante meses, al promover una política belicosa que no corresponde a su forma de ser pero sí va de acuerdo a la manera de actuar de los que detentan el poder desde lejos, solo para provocar líos legales, políticos y sociales. Si con esa sesión tan incómoda la presidenta no cae en cuenta de la urgencia de retomar el mando, pudiera decirse que su gobierno se acabó y no hay posibilidad de recuperación porque la única manera de superar toda crisis es aceptar que se tiene un problema. Y el de la presidenta está muy claro, no tiene buenos operadores políticos, así que o cambia de estilo y le apuesta a la conciliación o se prepara para una guerra interna en la que el gran perdedor será Guaymas, porque mientras falta calidad en servicio y obras, la alcaldesa se enfrasca en enfrentamiento con regidores que la apoyaron en un inicio y hoy le dan la espalda y le exigen cuentas claras.

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