EL DEDO

Sin sorpresas, la cámara de diputados subió la calificación de la Cuenta Pública 2019 para dejarla en 82.5. Son números fríos basados en un criterio político, a unos meses de la elección por la gubernatura así que lo más lógico es mejorar cifras en Ayuntamientos donde Morena está al frente del poder Ejecutivo para mandar el mensaje de que el partido de izquierda sigue siendo buena opción y tal vez en varios municipios estén haciendo bien las cosas. No es el caso de Guaymas donde el rechazo de las familias crece día a día porque pareciera que no hay autoridad que resuelva o al menos escuche las demandas populares. Y ese es el gran problema de Sara Valle, que dejó de escuchar, que ya no atiende, que desestima la inconformidad de quienes exigen respuestas en servicios y no ven la hora en que los funcionarios vayan a sus sectores a poner un foco o a tapar un bache. Esa misma actitud se vio con Lorenzo de Cima su último año, cuando el ahora regidor se encerró en su soberbia para escuchar solamente a un grupo de colaboradores y se dedicó a atacar a críticos con estrategias absurdas, en un intento por engañar a ciudadanas y ciudadanos. Nunca lo consiguió y terminó perdiendo el poder, pero antes colocó a Guaymas en una crisis sanitaria dolorosa, además de problemas graves en la policía municipal, en las finanzas y en áreas sensibles de la administración municipal. Y como la alcaldesa detuvo toda acción contra aquella corrupción, es probable que pretenda hacer lo mismo que su antecesor, para alejarse más de la gente y buscar conservar el poder en base a engaños, con la ventaja de que la ciudadanía guaymense no se deja convencer. Lo malo es que mientras se llega el día de emitir juicio y tomar decisiones, el municipio sigue en decadencia, sufriendo sus crisis y padeciendo las consecuencias de servidores públicos omisos que dejaron de cumplir con sus obligaciones legales y despreciaron la oportunidad de ser un buen gobierno como lo prometieron.

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