LaPeorMamá Boca chueca

¿Qué les digo? Para nadie fue una sorpresa que #minsipeedy tuviera que usar aparatos en la boca.

Si ustedes han visto una foto de mi hijo en mis redes, pueden darse cuenta muy fácilmente que tiene un problema de prognatismo, esta “que qui” pues, tiene la mandíbula hacia adelante.

Antes de la pandemia, en Monterrey le habían mandado a hacer algunos estudios que se pusieron en pausa por aquello del “si vas al dentista te puedes contagiar de COVID”.

Por fin hace unas semanas encontré en la CDMX una odontopediatra que además está a media cuadra de donde vivimos, mega super plus.

Así como todo mundo, lo primero que me dijo es que había que arreglarle ese tema pues a la larga podía traerle problemas serios.

Fuimos a que le hicieran placas, fotos y moldes, los cuales por cierto odió. No sé si a ustedes les hayan tomado impresiones de la boca pero es una cosa asquerosa, te ponen una pasta como plastilina para que muerdas y sientes que te vomitas.

Obviamente a él no le gustó nada.

Pero aguantó todo lo que le hicieron.

El día que nos reunimos con la dentista se sentó a explicarnos todo lo que tiene y se debe corregir. Creo que lo hicimos a las prisas porque salió re chueco el chamaco.

Mientras la dentista hablaba, yo veía cómo la expresión de mi hijo se iba transformando en nervio y angustia.

– Es que tengo muchas cosas mal, mami.

Claro que a nadie nos gusta que nos digan que estamos chafas.

Honestamente la dentista fue muy empática y comprensiva con él, le explicó qué iba a usar, cuánto tiempo y lo que el aparato va a hacer en su boca. Me encantó que la consulta fue con él; el señor de la casa y yo escuchábamos.

Si llevan a sus hijos a cualquier especialista, pídanle que le explique al niño en cuestión lo que sucede a su nivel, ustedes seguro entienden escuchándolo así. A ellos les da confianza y seguridad.

Al terminar toda la explicación la única pregunta del chamaco fue:
– ¿Cuándo me los pones?

Total con todo y la incertidumbre se mandaron a hacer los fierros para #minsipeedy.

Y conforme pasaban los días se iba emocionando más porque ya se los iban a poner.

Sí, todos nos preguntamos, ¿como por qué le emocionaría algo así? Pero luego recordé lo emocionada que estaba yo cuando me iban a poner los brackets y cómo se esfumó esa emoción cuando colocaron las ligas que hacían que me doliera la boca una semana; así que me uní a la emoción del chamaco.

El día llegó. Fuimos muy contentos y salimos llenos de fierros e instrucciones de cuidado, ajuste, lavado y demás.

Contrario a lo que #miniplausi dijo, no se ve feo mi chamaco. Ni se le ven. Pero sí se le escuchan porque ahora todo lo sesea pero ya nos acostumbraremos a escucharlo así.

Aunque por el momento me tiene que repetir noveshientas veces las cosas porque no le entiendo.

El tema de la comida está siendo complicado porque si bien 2 de los aparatos son removibles, el tercero es fijo y aun el muchacho no sabe cómo comer, así que vive a base de mango porque ese no se le atora.

Hubieran visto lo difícil que fue desatorarle las cáscaras de las uvas. Pero supongo que también será cosa de costumbre y sobre todo maña. Porque ustedes díganme qué haré cuando acabe la temporada de mangos.

Él está muy feliz porque usa aparatos y se los presume en la cámara a sus maestras y compañeros y más feliz porque ya no va a estar chueco.

Yo solo espero que el entusiasmo nos dure el tiempo que dure el tratamiento y que a esta mala madre no se le olvide los días que tiene que darle vuelta a la cosa para que funcione.

En serio que no deberían confiar en mí para esas cosas, pero ya puse alarmas, recordatorios y cuanta cosa se me ocurrió para no sabotear el tratamiento del chamaco.

Ya les contaré cómo nos va.

Ah sí, porfa, sus veladoras para que nunca perdamos el aparato que se quita.

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