Continúa la búsqueda de Anna y Tomás Gimeno tras el hallazgo del cuerpo de Olivia

El buque oceanográfico ‘Ángeles Alvariño’ continúa a esta hora de la mañana en la zona donde, en el día de ayer, fue hallado el cuerpo sin vida de Olivia, de seis años, para tratar de encontrar a su hermana Anna, de tan sólo un año, y a su padre, Tomás Gimeno.

En estos momentos la embarcación se encuentra a unas tres millas náuticas del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en la misma zona donde se produjo la última conexión con el teléfono móvil del progenitor y donde ha permanecido prácticamente desde su llegada a la isla.

Ayer, jueves, por la tarde, el robot submarino del barco oceanográfico Ángeles Alvariño, tras 45 días de búsqueda de estas tres personas por tierra, mar y aire, sacó del fondo del océano, en las aguas de Tenerife, el cadáver de Olivia, la mayor de los dos niñas secuestradas hace un mes y medio y que, con una altísima probabilidad, es ahora cuando se sabe que fueron asesinadas ese mismo día por su padre.

El hallazgo se produjo al mediodía, a poco más de una milla de la costa tinerfeña y muy cerca del pequeño puerto de Güímar. Se trata precisamente de la misma zona en la que el 28 de abril, al día siguiente de las desapariciones, la Guardia Civil localizó el barco de recreo propiedad de Tomás Gimeno, con el que había salido a navegar la noche anterior, aparentemente sin sus hijas pero con seis bultos a bordo, entre bolsas, maletas y otros enseres.

El yate, de unos seis metros de eslora y con un potente motor fueraborda, se encontró entonces vacío, a la deriva, sin manchas de fluidos humanos en su interior y también sin su ancla. Muy próxima, flotando, estaba la silla de retención de bebés que usaban para colocar a Anna. Es también el sitio en el que el lunes pasado se halló y recuperó una bombona de buceo, junto a una funda nórdica del presunto secuestrador.

 

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Tras once días de rastreo de los fondos marinos con su sonar de barrido lateral, los especialistas del buque detectaron un bulto sospechoso a unos 1.000 metros de profundidad. Cuando el robot submarino logró extraerlo se comprobó que era una bolsa de deportes lastrada con el peso del ancla de la barca de Gimeno, en cuyo interior estaba el cadáver de una niña de unos seis años.

Durante la misma operación, según señalaron fuentes del caso, se consiguió sacar a la superficie una segunda bolsa de deportes que estaba vacía. Pero los técnicos observaron junto a ella la presencia de un tercer bulto en el fondo que no pudieron identificar y que, de momento, tampoco han podido rescatar.

De hecho, según confirmaron fuentes de la Delegación del Gobierno en Canarias, por este motivo el operativo de rastreo se reanudó este jueves mismo. Fue en la misma zona y ante la posibilidad de que se pudiesen encontrar los otros cuerpos que se buscan.

Antes, sobre las ocho de la tarde, el cuerpo fue trasladado a tierra, al Instituto Anatómico Forense de La Laguna donde, a falta de pruebas forenses y de ADN más concretas, que se realizarán en las próximas horas, se determinó que podría corresponder, «prácticamente con toda seguridad», a la desaparecida Olivia Gimeno, la mayor de las hermanas. Responsables del instituto armado revelaron a última hora a este diario que los petates encontrados en la fosa marina «encajarían» en «tamaño y descripción» con los dos bultos que llevaba el padre de la niñas desaparecidas cuando fue grabado a las 21:30 horas del martes 27 de abril por las cámaras de seguridad del puerto de Santa Cruz.

El hallazgo fue comunicado de inmediato a la madre de las niñas y al resto de su familia. La localización del cuerpo se produjo el mismo día en que Beatriz, que nunca perdió la esperanza, hizo público su primer registro de voz. Ahí decía estar convencida de que todo era «un teatro» de Tomás para mortificarla, que creía que sus hijas estaban ocultas en algún lugar y que seguían vivas.

La localización del cadáver y la constatación de la peor de las hipótesis permite reconstruir con alta seguridad qué pasó el día de las desapariciones, cuando el presunto homicida recogió a las dos niñas en casa de su madre sobre las cinco de la tarde, a donde debía devolverlas a las nueve de la noche. Pasó buena parte de la tarde, hasta las 19:30 horas, en casa de los abuelos paternos, de donde se marchó en su coche.

En las dos siguientes horas se desconoce qué hizo, pero posiblemente las aprovechó para matar a sus hijas. El siguiente hecho constatable se produjo sobre las 21:30 horas, cuando las cámaras del Puerto Marina de Santa Cruz de Tenerife grabaron cómo aparcó su Audi A3 blanco junto al pantalán. En tres viajes, que también vio el vigilante, trasladó en solitario seis bultos a su barco, entre ellos las bolsas de deporte ayer recuperadas. Y zarpó, en teoría solo, sobre las 21:50 horas.

Casi dos horas después, sobre las 23:30, regresó al puerto, donde le multaron por saltarse el toque de queda. Compró luego en una gasolinera un cargador de móvil y tabaco. Zarpó pasada la medianoche. Su móvil se apagó horas después, tras despedirse de amigos y familiares.

La Guardia Civil encontró varios blister de pastillas en la casa de Tomás
Aunque la investigación sigue bajo secreto de sumario, comienzan a desvelarse algunos detalles de los momentos previos al secuestro y desaparición de las niñas. Según apunta ‘El programa de Ana Rosa’, la Guardia Civil encontró en los registros de la casa del progenitor varios blister vacíos de pastillas, concretamente Orfidal que pudo haber usado Gimeno la tarde del 27 de abril.

Según la cronología de los hechos de lo que pudo suceder aquella jornada, Tomás recogió a las pequeñas a las 17.00 horas, salió con ellas de la vivienda en Candelaria sobre las 19.30 horas, según el citado medio. Quizás adormeciéndolas con las pastillas previamente, pudo haber acabado con la vida de Anna y Olivia sobre las 21.00 horas, cuando fue grabado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife con varias bolsas. Gimeno salió con el barco una hora después tras subir varios bultos en los que, por lo que ahora se teme, iban ya los cadáveres de las dos pequeñas.

 

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