Familias viven crisis de autoridad, personas solo piensan en lo que requieren, afirma especialista en psicología

Hoy vivimos en una sociedad con papás sin una estructura emocional fortalecida para dotar de orientación, afecto y guía a sus hijos, principalmente adolescentes, lo cual muchas veces se refleja en jóvenes cuyas conductas tienen una marcada ausencia de respeto hacia las figuras de autoridad, afirmó Paulina Arenas, profesora de la Facultad de Psicología.

 

“Esto nos ha llevado a una crisis de autoridad en la que las personas sólo piensan en lo que requieren y no en función de lo que le conviene a la mayoría”, sostuvo.

 

Estamos en un mundo muy distinto al de hace 20 años y eso es normal porque las sociedades son vivas, cambiantes y dinámicas, el problema es que al caminar hacia lo individual, las generaciones más jóvenes buscan mayor autonomía, lo que ha implicado desafiar a las autoridades con las que conviven cotidianamente, destacó.

 

En los primeros años de vida los padres marcan diferentes pautas para tener una conducta deseable dentro de la sociedad; sin embargo, actualmente, en la adolescencia e incluso a edades más tempranas, vemos jóvenes en crisis (generada por su etapa de desarrollo), que por lo regular conviven con figuras de autoridad desgastadas, poco claras, inciertas, confusas y ambivalentes, es decir, adultos cuya potestad no es clara, carece de firmeza y tiende a oscilar entre posturas autoritarias o demasiado permisivas, precisó.

Algo que hemos observado constantemente en la parte clínica son papás que viven condiciones de mucho estrés laboral, personal y familiar, que los tienen en situaciones de verdadero agobio, que no saben cómo manejar, y al momento de llegar a casa con los hijos y querer establecer normas de convivencia, lo hacen, incluso sin notarlo, de una manera cerrada, lo que no les permite ver qué le pasa a su interlocutor, comentó.

Es por ello que suelen tomar decisiones excesivas que no posibilitan una apertura al diálogo.

“Los adultos que convivimos con este sector de la sociedad tendemos a ser impositivos para así ejercer control. Evidentemente debe haberlo, pero moderado, que permita tener cierta flexibilidad para abrirse ante la postura distinta del otro, escuchar y juntos crear normas de convivencia”, añadió.

No obstante, abundó, hoy dentro del seno familiar vemos muchos núcleos que se rigen por la falta de afecto, la imposición en lugar de la orientación, y un establecimiento de límites basado en un ejercicio de violencia y autoritarismo acompañado de agresión física, verbal y psicológica.

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