MARCHANTIA: PRODUCIR CONSERVANDO

El impacto ambiental de la agricultura es innegable. Las áreas dedicadas al cultivo de especies comestibles o de uso intermedio, así como las áreas de pastizales, ocupan el 37% de la superficie labrada desde 1999. Mucho más grave es que dos terceras partes del agua utilizada por la humanidad se consume en labores agropecuarias (FAO, 2002).

La producción agropecuaria es la principal fuente de contaminación del agua por nitratos, fosfatos y plaguicidas, así como la mayor fuente antropogénica de GEI, tales como metano y óxido nitroso. Las prácticas agrícolas y en general las ganaderas, forestales y pesqueros, tienen un impacto directo en la pérdida de biodiversidad del planeta. Ante la crisis climática y ya consientes de que sólo resta adaptarnos, las vías de mitigación y adaptación son sólo dos: la agricultura climáticamente inteligente y la agroecología y agroforestería.

En tal sentido, aquí analizaremos los mecanismos de producción de Coffea y Theobroma, del café y del cacao, implementados por Marchantia, una e-cooperativa que sostiene la producción de café de especialidad de alta trazabilidad y cacaos finos de aroma, protegiendo la biodiversidad y garantizando el bienestar socio-económico y socio-emocional de lxs productorxs.

Las prácticas agrícolas implementadas durante décadas, afectan su propia sostenibilidad, debido a la degradación y salinización de las tierras cultivables. Asimismo, el exceso de extracción de agua genera consecuencias a largo plazo que dificultan la recuperación de las propiedades físico-químicas del suelo, en detrimento de su fertilidad.

Por ello, resulta fascinante conocer los métodos sostenibles de Marchantia, fundamentales para atenuar los efectos de la agricultura sobre el medio ambiente, de la mano del bienestar integral de quienes trabajan la tierra, una población con frecuente vulnerabilidad.

Proteger la biodiversidad aumentando la resiliencia ecosistémica
El objetivo de Marchantia ha sido la creación de estrategias holísticas. Su trabajo se ha enfocado en fortalecer la resiliencia de los ecosistemas, produciendo cafés de especialidad y cacaos finos de aroma, sobre la base de dos ejes de acción primordiales: mejorar la calidad de los productos y cuidar la salud del ecosistema, al tiempo que ofrecen una asesoría completa que va del campo a la taza.

Al frente de estos proyectos encontramos el trabajo, conocimientos, sentimientos y esfuerzos de dos personas:

marchantia:
David Akle Cantú: biólogo ambientalista con especialización en agricultura biodinámica y catador Q Grader en AMECAFÉ.
Ana Aguilar: bióloga, especialista en conservación de ecosistemas y en la evolución de la conciencia de los procesos sociales.
Conocer la motivación y el origen del trabajo de Ana y David es acercarse de lleno a sus sentimientos, emociones y experiencias desde su formación en la Facultad de Ciencias de la UNAM hasta su vida inmersa ya de lleno en la tierra, junto a lxs productorxs.

Akle Cantú me comentó que al cursar la licenciatura y tomar clases de recursos ambientales, empezó a construir su propia idea de conservación, estudiando el modelo de las Áreas Naturales Protegidas (ANP), que si bien son de suma importancia, resulta difícil que no haya un usufructo directo para las personas que viven en una ANP y que dependen de los productos del campo.

Así se trazó como meta crear un área restringida productiva, donde se produzca al tiempo que se conserve, incorporando todos los servicios ecosistémicos, las relaciones biológicas y los sistemas abióticos, incorporando una actividad humana socioeconómica productiva y acorde con la vida.

Señaló además que hay que hacer conservación a través de la producción ambientalmente responsable, incluyendo estrategias económicas, sociales y de biodiversidad para poder crecer, en zonas de amortiguamiento o áreas núcleo de las reservas, o donde se puedan preservar todas las relaciones ecosistémicas de la mano del desarrollo socio-económico de las personas.

Trabajando durante más de 10 años en las diversas sierras de México, el principal logro ha sido tener una actividad económica con métodos orgánicos, como el compostaje, aumentando la biodiversidad, sembrando árboles de sombra nativos, de especies locales que sirvan de hábitat a las especies (mariposas, abejas, aves, mamíferos) y cuyos usos son conocidos por sus pobladores, obteniendo una producción de café, cacao y miel, de alta calidad.

Aumentar la biodiversidad con el uso de viveros, sembrando especies nativas y reforestando, les ha permitido lograr mejorar la calidad del café y por ende competir en los mercados con un mejor producto, cuya calidad genera un mejor precio de compra al productor, al cual Marchantia le paga por adelantado, asumiendo ese costo de producción, lo que mejora su economía y, bajo su asesoría, lxs productores invierten adecuadamente en sus parcelas, para seguir creciendo.

Trabajar el desarrollo social significa también acompañar el desarrollo como persona, como individuo, de lxs productorxs impartiendo talleres de habla y de arte. Si bien originalmente esto no estaba contemplado, hoy es indispensable para continuar creciendo, ya que se trabaja con aquellos que no hablan la lengua española.

La especialización en agricultura biodinámica ha sentado las bases de un trabajo holístico donde el desarrollo integral del individuo importa y mucho, para alcanzar su sueño como biólogo de detonar cambios sociales, usando el trabajo como única arma.

Conversar de igual forma con Ana Aguilar, significó palpar la sensibilidad de quien centra su vida en usar al café y al cacao como mediadores del bienestar socioeconómico y socioemocional de las comunidades, buscando el desarrollo de las personas a través de su contacto con la naturaleza.

Cofundar Marchantia y participar en ella, significa asumir retos locales como la adquisición de nuevos conocimientos o enfrentar políticas mal aplicadas, así como retos mucho más grandes, como la crisis climática o la desconexión del ser humano con la naturaleza.

Ana Aguilar afirma que descubrir la sabiduría cosmológica proporciona pistas de nuestra existencia, lo que representa un sutil despertar amoroso, que les permite ser el puente entre lo que perciben de la naturaleza y el esquema de crecimiento productivo desarrollado en microlotes.

Cada microlote tiene su belleza, sabor, trazabilidad y el reto es que el consumidor se involucre, atrayéndolo al contarle lo más atractivo del sabor del producto, hasta empaparse del compromiso con el bienestar sostenible de cada familia y comunidad involucrada.

Reflexión final
No cabe duda de que, en algunos casos, la agricultura puede desempeñar una función importante en la inversión de los efectos de la crisis climática, por ejemplo, almacenando carbono en los suelos, mejorando la filtración del agua y conservando los paisajes rurales y la biodiversidad.

El reto que se propusieron Ana y David, guarda dentro de sí el modelo del proceso productivo ideal con respeto y apego a la vida misma de los ecosistemas, ya que es a través de nuestro contacto con la naturaleza que nos desarrollamos como humanidad.

Conocer que existen proyectos que respaldan y se solidarizan con mejorar la calidad de vida y desarrollo integral de personas, en permanente vulnerabilidad y en desventaja por no hablar español, nos debe llevar directo a una reflexión analítica de nuestros hábitos de consumo y selección de productos que verdaderamente fomente el bienestar de lxs trabajadorxs de la tierra.

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