Un análisis masivo de ADN antiguo, extraído de restos óseos de felinos que datan de hace más de 10,000 años, ha permitido a los genetistas trazar una línea evolutiva mucho más clara y sorprendente sobre el origen de Felis catus. Los resultados publicados este mes confirman que todos los gatos domésticos modernos descienden de una sola subespecie: el gato montés de Oriente Próximo (Felis lybica lybica). La investigación revela que el proceso de domesticación no ocurrió en un solo lugar, sino que se dio en dos oleadas masivas de expansión; la primera comenzó en el Creciente Fértil, cuando los primeros agricultores descubrieron que los gatos eran aliados indispensables para proteger los graneros de las plagas de roedores, iniciando así un pacto de convivencia basado en la utilidad mutua y no en la dominación humana.
Los “gatos marineros” y la conquista del Antiguo Egipto
La segunda gran revelación del estudio de ADN antiguo apunta a que el linaje egipcio fue el responsable de la expansión global del gato. Durante milenios, se creyó que los egipcios habían domesticado al gato por primera vez, pero el código genético analizado muestra que en realidad “perfeccionaron” su temperamento social, convirtiéndolos en animales mucho más dóciles y aptos para la convivencia cercana. A partir del primer milenio antes de nuestra era, estos gatos del linaje egipcio se propagaron por todo el Mediterráneo gracias a las rutas comerciales marítimas; los navegantes los llevaban a bordo para controlar las ratas en los barcos, lo que explica por qué los restos genéticos de gatos de origen egipcio han aparecido en puertos tan distantes como los de las antiguas colonias vikingas en el norte de Europa y en puestos comerciales de la Ruta de la Seda.
La mutación de las manchas: Una aparición tardía en la historia
Uno de los descubrimientos más curiosos de esta investigación es que la apariencia física de los gatos permaneció prácticamente idéntica a la de sus ancestros salvajes durante casi toda la historia de la domesticación. El análisis genético demuestra que la mutación responsable del patrón de pelaje “tabby” o manchado (las clásicas marcas que vemos hoy) no apareció de forma común hasta la Edad Media, específicamente alrededor del siglo XIII en el suroeste de Asia. Antes de eso, la mayoría de los gatos domésticos mantenían el patrón de rayas finas del gato montés, lo que sugiere que los humanos valoraron primero el comportamiento de caza y la compañía del felino mucho antes de empezar a seleccionarlos por criterios estéticos o de color. Este hallazgo redefine al gato no como un animal domesticado a la fuerza, sino como un colonizador oportunista que decidió, por voluntad propia, integrarse en la civilización humana.





