Bad Bunny transformó el escenario del Super Bowl LX en un tributo a los oficios tradicionales y a la vida cotidiana de las comunidades migrantes.
El espectáculo de medio tiempo encabezado por Bad Bunny este 8 de febrero de 2026 marcó un precedente al alejarse de la estética tecnológica convencional. En su lugar, el cantante presentó una puesta en escena inspirada en los mercados y calles de América Latina, utilizando el Levi’s Stadium para visibilizar a los millones de trabajadores que sostienen la economía y la cultura tanto en sus países de origen como en Estados Unidos.
La escenografía recreó ambientes profundamente reconocibles para la comunidad hispana, incluyendo puestos de raspados y cocos, locales de uñas y negocios de compra de oro. Estas referencias no fueron simples adornos, sino símbolos de los oficios que forman el sustento diario de las familias latinas. El show también integró alusiones al trabajo agrícola y al cultivo de caña, colocando la labor del campo en el centro del evento deportivo más visto del mundo.
Uno de los momentos que más conversación generó en redes sociales fue la aparición del puesto “Villa’s Tacos”, cuya frase “Tacos todo es posible” fue leída como un mensaje de resiliencia para la experiencia migrante. Este simbolismo, sumado a la participación del mariachi femenino Las Divas, reforzó una narrativa que priorizó la identidad y el orgullo cultural por encima de los efectos visuales abstractos, conectando emocionalmente con la audiencia.
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El cierre del espectáculo consolidó este mensaje social cuando Bad Bunny mostró un balón con la leyenda “Juntos somos América”. Al mencionar a todos los países del continente, el artista reivindicó una identidad compartida que trasciende fronteras políticas. Este gesto fue interpretado como una declaración de pertenencia y unidad, reconociendo el aporte cotidiano de los hispanos en la construcción de la sociedad estadounidense actual.
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Analistas consideran que este medio tiempo es uno de los más cargados de contenido social en la historia del Super Bowl. Al convertir el escenario en un espejo de la realidad trabajadora, Benito Martínez Ocasio no solo ofreció entretenimiento, sino que abrió un debate global sobre historia, migración y memoria colectiva, demostrando que el arte puede ser una herramienta poderosa para dar voz a quienes suelen quedar fuera de los grandes reflectores.





