Un nuevo análisis exhaustivo publicado en el British Journal of Sports Medicine ha revelado que la práctica de ejercicio aeróbico, como correr, nadar o bailar, resulta ser una herramienta sumamente eficaz para mitigar los síntomas de la depresión y la ansiedad en personas de todas las edades.
La investigación, que recopiló datos de más de setenta y siete mil participantes, concluyó que la actividad física estructurada produce beneficios comparables o incluso superiores a las intervenciones farmacológicas y las terapias psicológicas tradicionales. El estudio destaca que, si bien cualquier forma de movimiento es positiva, las modalidades aeróbicas realizadas en grupo y bajo supervisión profesional muestran los resultados más significativos en la reducción del malestar emocional, especialmente en adultos jóvenes y mujeres que han dado a luz recientemente.
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Los hallazgos sugieren que el componente social del ejercicio grupal juega un papel crucial en la recuperación de la salud mental, al proporcionar un entorno de apoyo que potencia los efectos biológicos del esfuerzo físico. Para el caso específico de la ansiedad, el análisis indica que incluso programas de corta duración, inferiores a ocho semanas, y de intensidad moderada pueden generar un alivio notable en los pacientes. A raíz de estas evidencias, los investigadores proponen que el ejercicio sea considerado una intervención de primera línea en los sistemas de salud, abogando por la prescripción de rutinas personalizadas que se adapten a las necesidades de cada individuo. Esta perspectiva no solo ofrece una alternativa natural y accesible para tratar trastornos emocionales, sino que refuerza la conexión intrínseca entre el bienestar del cuerpo y la estabilidad de la mente en el contexto de la vida moderna.
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