La expansión masiva de la inteligencia artificial generativa ha provocado un incremento sin precedentes en la demanda de energía eléctrica en Estados Unidos, poniendo a prueba la estabilidad de la red nacional durante este inicio de dos mil veintiséis. Según informes recientes de la Agencia Internacional de Energía y diversos análisis del sector, los centros de datos necesarios para entrenar y ejecutar modelos de lenguaje complejos consumen cantidades colosales de electricidad, representando ya una parte significativa del consumo total en regiones estratégicas.
Este fenómeno ha generado un cuello de botella logístico en mercados eléctricos clave como Virginia y Texas, donde la infraestructura de transmisión y las subestaciones locales luchan por seguir el ritmo de construcción de nuevos campus tecnológicos. El principal desafío radica en el perfil de carga de estos centros, que requieren un flujo de potencia constante las veinticuatro horas del día, a diferencia de otras industrias que presentan picos variables, lo que obliga a los operadores de red a buscar soluciones de suministro inmediatas para evitar apagones o saturaciones en el sistema.
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Ante la urgencia de energía, muchas empresas tecnológicas han tenido que recurrir temporalmente a fuentes de generación tradicionales, incluso retrasando el cierre de plantas de combustibles fósiles para garantizar la continuidad operativa de sus servidores de inteligencia artificial. Sin embargo, para cumplir con sus metas de sostenibilidad en dos mil veintiséis, la industria está impulsando inversiones masivas en energías renovables y explorando tecnologías de vanguardia como los pequeños reactores modulares nucleares y sistemas de refrigeración líquida directa al chip que reducen drásticamente el calor generado. Se estima que la inversión en infraestructura de centros de datos superará los tres billones de dólares este año, centrada no solo en la capacidad de procesamiento sino en la modernización de redes eléctricas inteligentes que puedan gestionar la integración de parques eólicos y solares. El éxito de la carrera por la supremacía en inteligencia artificial dependerá ahora de la capacidad de los gobiernos y las empresas para equilibrar el vertiginoso avance digital con la transición hacia una matriz energética más limpia y resiliente que soporte el futuro de la computación global.
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