El zaguero español Sergio Ramos ha generado una fuerte sacudida en el entorno del fútbol mexicano al desmentir categóricamente las versiones que lo vinculan como refuerzo de los Rayados de Monterrey para el presente torneo. Durante una intervención directa en sus plataformas digitales este veinte de febrero de dos mil veintiséis, el exjugador del Real Madrid y el Sevilla arremetió contra José Antonio Noriega, presidente deportivo del club regiomontano, pidiéndole de manera frontal que deje de vender humo a la afición. Ramos enfatizó que, si bien tiene amigos en México y respeta profundamente la liga, no ha existido ninguna negociación formal ni oferta económica sobre su mesa, calificando como una falta de profesionalismo el uso recurrente de su nombre para generar expectativas mediáticas que carecen de sustento real.
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La reacción del campeón del mundo surge tras varias semanas en las que el Tato Noriega había dejado la puerta abierta a una contratación de alto perfil, alimentando los rumores sobre el posible arribo del defensor andaluz a la Sultana del Norte. Esta aclaración pública deja en una posición comprometida a la directiva de Monterrey, que actualmente se encuentra bajo presión por los resultados deportivos y la necesidad de fortalecer su plantilla ante las constantes comparaciones con su rival de ciudad. Con estas declaraciones, queda prácticamente descartada la llegada de Ramos a la Liga MX por el momento, obligando a la cúpula de Rayados a buscar alternativas en el mercado internacional que sean factibles y transparentes. El episodio sirve como un recordatorio de las tensiones que pueden surgir cuando la gestión de fichajes se convierte en una herramienta de relaciones públicas sin contar con el consentimiento o el interés real de los protagonistas involucrados.
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