La guerra ha provocado cierres de sitios sagrados, cancelación de procesiones y una ciudad prácticamente vacía.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha transformado por completo la celebración de la Semana Santa en Jerusalén, donde este año predominan el silencio, las restricciones y el temor ante los constantes ataques.
A diferencia de años anteriores, los principales lugares santos permanecen cerrados y las tradicionales procesiones fueron canceladas, dejando sin actividades religiosas a miles de fieles y peregrinos.
Las calles de la ciudad, normalmente abarrotadas durante estas fechas, lucen prácticamente vacías, sin presencia de turistas ni visitantes, debido al conflicto armado en la región.
Además, la situación de seguridad ha obligado a limitar o suspender celebraciones clave, en medio de un ambiente marcado por sirenas, ataques con misiles y estrictas medidas militares.
Incluso eventos emblemáticos como el Domingo de Ramos fueron cancelados, mientras autoridades religiosas han optado por sustituir las procesiones por actos simbólicos o momentos de oración.
Reportes internacionales señalan que sitios como la Basílica del Santo Sepulcro han permanecido cerrados o con acceso restringido, lo que ha generado críticas por el impacto en la libertad religiosa durante una de las fechas más importantes del calendario cristiano.
La guerra, iniciada a finales de febrero de 2026, ha escalado con ataques constantes entre Irán e Israel, afectando directamente la vida cotidiana en Jerusalén y alterando una tradición religiosa centenaria.
En medio de este escenario, líderes religiosos y habitantes locales lamentan que una de las celebraciones más significativas para el cristianismo se desarrolle este año bajo el ruido de las bombas y la incertidumbre del conflicto.
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