El juez desestimó diez de las trece acusaciones presentadas por Blake Lively, incluyendo los cargos por acoso sexual, conspiración y difamación.
La batalla legal entre los protagonistas de la película It Ends with Us ha tomado un giro inesperado tras la reciente resolución judicial. El magistrado Lewis Liman determinó que la mayoría de los reclamos de Blake Lively no podían sostenerse bajo las leyes invocadas, argumentando principalmente cuestiones de jurisdicción y la naturaleza de su contrato como trabajadora independiente. Aunque el tribunal no negó la existencia de los hechos, dictaminó que gran parte de la demanda inicial no cuenta con la base técnica necesaria para proceder en esta instancia del litigio.
A pesar de este escenario, el equipo legal de la esposa de Ryan Reynolds considera que la esencia del caso permanece intacta a través de las tres acusaciones que sí sobrevivieron. Para Blake Lively, el enfoque ahora se centrará en demostrar que sufrió represalias profesionales y un incumplimiento de contrato tras haber denunciado conductas inapropiadas durante el rodaje. La actriz sostiene que su lucha busca visibilizar problemas sistémicos en Hollywood, mientras se prepara para testificar en el juicio programado para mayo de 2026 en contra del director.
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La defensa de Justin Baldoni ha interpretado este fallo como una validación de su postura, negando rotundamente cualquier tipo de conducta ilícita. Según sus abogados, las interacciones señaladas deben entenderse dentro del contexto de la actuación y la exploración creativa de los personajes. Este argumento abre un debate complejo sobre los límites del contacto físico en los sets de filmación, mientras ambas partes evalúan la posibilidad de un acuerdo extrajudicial antes de que el conflicto llegue nuevamente a los tribunales.
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El origen de la disputa se remonta a la producción de la adaptación de la novela de Colleen Hoover, donde el ambiente laboral fue descrito por la intérprete como hostil. Las acusaciones originales mencionaban improvisaciones íntimas fuera de guion y una supuesta campaña de desprestigio que afectó el estreno del filme en 2024. Con este nuevo panorama legal, el proceso entra en una fase decisiva donde se buscará determinar si existió un castigo profesional sistemático hacia la protagonista por alzar la voz.





