
Más del 75% de los votantes respaldó permanecer en el país, en una consulta que evidenció el rechazo mayoritario a impulsar la separación de la provincia
La provincia canadiense de Alberta rechazó iniciar un proceso legal para buscar su independencia de Canadá, luego de que más del 75 por ciento de los votantes apoyara permanecer dentro del país en el referéndum celebrado el lunes 19 de octubre.
Los resultados preliminares mostraron que alrededor del 76 por ciento de los participantes eligió mantener a Alberta como parte de Canadá, mientras que aproximadamente el 24 por ciento respaldó comenzar los procedimientos necesarios para celebrar una futura consulta vinculante sobre la separación.
La pregunta no planteaba una independencia inmediata, sino la posibilidad de que el gobierno provincial iniciara el proceso legal para organizar otro referéndum en el que la población pudiera decidir si desea separarse del resto del país.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, celebró los resultados y afirmó que los habitantes de Alberta habían tomado una decisión clara a favor de la unidad nacional. También señaló que el resultado permitirá avanzar en proyectos de infraestructura, ampliar las relaciones comerciales y fortalecer el desarrollo energético de Canadá.
Carney, quien creció en Edmonton, capital de Alberta, destacó la importancia económica de la provincia para el país, especialmente por su producción de petróleo y gas natural. La región es una de las principales productoras de energía de Canadá y desempeña un papel relevante en sus exportaciones.
Por su parte, la primera ministra provincial, Danielle Smith, también recibió favorablemente los resultados. Aunque respaldó la realización de la consulta, Smith no apoyaba la independencia y defendía que Alberta permaneciera dentro de Canadá con mayores facultades para tomar decisiones sobre sus propios asuntos.
El movimiento separatista ha ganado visibilidad en los últimos años debido al descontento de algunos sectores con las políticas del gobierno federal, particularmente en materia energética, fiscal y ambiental. Sus promotores consideran que Alberta aporta una parte importante de los ingresos nacionales y que sus intereses no siempre reciben suficiente atención desde Ottawa.
Sin embargo, la mayoría de los votantes rechazó avanzar hacia una posible separación. La consulta formó parte de un referéndum más amplio que incluyó otras preguntas sobre inmigración, servicios públicos y facultades constitucionales de la provincia.
La votación también se desarrolló en medio de tensiones entre el gobierno federal y las autoridades provinciales sobre el alcance de sus respectivas competencias. El resultado representa un respaldo a la permanencia de Alberta en Canadá, aunque no elimina las diferencias políticas que han alimentado el movimiento independentista.
Los promotores de la separación reconocieron el revés electoral, pero sostuvieron que el debate sobre la relación entre Alberta y el gobierno federal continuará. La provincia cuenta con una identidad política propia y un sector de la población que exige mayores atribuciones en asuntos económicos y constitucionales.
La consulta no tenía carácter vinculante y sus resultados no modifican el estatus de Alberta, que continuará siendo una provincia canadiense. El desenlace, no obstante, constituye una señal sobre la postura de los electores frente a la posibilidad de iniciar un proceso que podría conducir a una futura votación sobre la independencia.
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