El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha salido al paso de las recientes corrientes que sugieren un boicot al Mundial de 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá.
Durante una entrevista concedida este lunes a la cadena británica Sky News, el dirigente suizo-italiano defendió la neutralidad política del deporte y advirtió que utilizar el futbol como herramienta de castigo diplomático es una estrategia ineficaz que solo profundiza las divisiones.
La postura de Infantino responde a las tensiones surgidas principalmente en Europa, donde diversos sectores han cuestionado la idoneidad de Estados Unidos como sede debido a las políticas migratorias de la administración de Donald Trump y otras controversias diplomáticas recientes, como las tensiones arancelarias y el interés del mandatario estadounidense por adquirir Groenlandia. Ante estos llamados, Infantino fue tajante: “Estoy en contra de las prohibiciones y los boicots. No aportan nada, simplemente contribuyen a más odio”.
El dirigente también aprovechó para defender la entrega del primer Premio de la Paz de la FIFA a Donald Trump en diciembre pasado, un gesto que generó una fuerte polémica internacional. Según Infantino, el futbol debe ser un puente para unir a las personas en un mundo “dividido y agresivo”, y el torneo de 2026 será la plataforma ideal para celebrar la pasión por el deporte por encima de cualquier coyuntura política.
Por otro lado, Infantino también generó debate al cuestionar la efectividad del veto que pesa sobre la selección de Rusia desde 2022, sugiriendo que las sanciones deportivas no han logrado influir en el panorama geopolítico y solo han generado frustración entre los aficionados y atletas. Con el Mundial a pocos meses de distancia, la FIFA reafirma su intención de que la cita sea un evento de cohesión global, instando a los gobiernos y organismos a dejar los conflictos fuera de la cancha.
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Las declaraciones de Infantino han provocado reacciones inmediatas tanto en el Kremlin, que celebró sus palabras, como en Ucrania, donde fueron calificadas de “irresponsables”. Mientras tanto, en las sedes mundialistas, la planeación sigue su curso, con la expectativa de que el balón logre, como predica la FIFA, disipar momentáneamente las fricciones que hoy marcan la agenda internacional.
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