Investigadores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), en conjunto con biólogos marinos en la costa de Islandia, han publicado un estudio revelador que explica por qué ciertas poblaciones de delfines nariz de botella han comenzado a nadar y cazar de manera amistosa junto a las orcas. Históricamente, las orcas técnicamente los miembros más grandes de la familia de los delfines han sido vistas como depredadores naturales de sus primos menores; sin embargo, las observaciones realizadas mediante drones y etiquetas satelitales durante los últimos dos años muestran una dinámica social radicalmente distinta. Los científicos han identificado que este comportamiento no es una coincidencia, sino una “simbiósis táctica” donde ambas especies han aprendido a tolerarse para maximizar su tasa de éxito en la obtención de alimento, específicamente en la captura de bancos masivos de arenque y caballa.
El lenguaje del silbido: La clave de la comunicación interespecies
El descubrimiento central de la investigación reside en el análisis acústico de las interacciones, donde se detectó que los delfines y las orcas están utilizando una frecuencia de comunicación híbrida. Los científicos descubrieron que los delfines imitan ciertos tonos de las orcas para señalar la ubicación de presas, mientras que las orcas, a su vez, emiten sonidos de baja intensidad que no ahuyentan a los delfines, permitiéndoles participar en el “pastoreo” de los peces. Esta colaboración permite que las orcas utilicen su fuerza para golpear el agua y aturdir a las presas, mientras que la agilidad superior de los delfines evita que los peces escapen por los flancos del banco, creando un cerco perfecto que beneficia a ambos grupos. Este hallazgo sugiere que estas especies poseen una flexibilidad cognitiva y una “cultura de aprendizaje” mucho más avanzada de lo que se creía anteriormente, siendo capaces de suprimir sus instintos de agresión en favor de un beneficio mutuo a largo plazo.
Consecuencias del cambio climático en la diplomacia marina
La razón biológica detrás de esta tregua parece estar impulsada por los cambios drásticos en las rutas migratorias de los peces debido al calentamiento de los océanos. Al volverse el alimento más escaso y estar distribuido en parches menos predecibles, la competencia agresiva se ha vuelto energéticamente costosa para ambos depredadores; en su lugar, la cooperación reduce el tiempo de búsqueda y el gasto calórico de cada individuo. Expertos del Instituto Max Planck añaden que este fenómeno podría ser un indicador de cómo la vida silvestre está reconfigurando sus estructuras sociales para sobrevivir a la crisis climática, estableciendo “zonas de paz” donde antes solo había hostilidad. Este estudio no solo cambia nuestra percepción sobre la inteligencia de los cetáceos, sino que abre una nueva línea de investigación sobre cómo otras especies podrían estar formando alianzas similares ante la presión ambiental que define este 2026.
