Especialistas advierten que normalizar el burnout tiene un impacto físico y emocional, generando lo que llaman la “panza” del agotamiento profesional.
Expertos en salud emocional y metabólica advierten sobre las consecuencias de normalizar el burnout, un síndrome de agotamiento profesional que no solo afecta la mente sino también el cuerpo, dando lugar a lo que algunos especialistas denominan la “panza” del agotamiento. Según estudios recientes, el estrés crónico asociado al burnout altera el metabolismo y puede desencadenar desequilibrios hormonales, aumento de peso y otros efectos fisiológicos adversos.
El fenómeno ha sido observado con mayor frecuencia en trabajadores que enfrentan cargas laborales excesivas, largas jornadas y falta de recuperación adecuada, lo cual contribuye a una respuesta crónica al estrés que el organismo traduce en cambios corporales palpables. Este impacto físico refuerza la idea de que el burnout no debe ser visto únicamente como un estado emocional, sino como un problema integral de salud.
Especialistas señalan que además del cambio en los hábitos alimenticios y patrones de sueño, factores como la liberación sostenida de cortisol la hormona del estrés pueden favorecer la acumulación de grasa abdominal y otros síntomas relacionados con la “panza” del burnout. Esto convierte al agotamiento profesional en un riesgo que va más allá de la productividad y repercute directamente en la calidad de vida de quienes lo padecen.
Ante esta situación, profesionales de la salud recomiendan fomentar ambientes laborales que prioricen la recuperación, el equilibrio entre trabajo y vida personal, y la atención temprana a señales de estrés crónico. Reconocer y abordar el burnout de manera oportuna podría prevenir no solo consecuencias emocionales, sino también los efectos físicos que se derivan de este síndrome.





