La NFL se encuentra nuevamente en el centro de la polémica tras la publicación de un análisis que cuestiona la postura de la liga frente a las expresiones políticas y sociales de sus jugadores.
La nota de La Jornada destaca cómo, desde el histórico gesto de Colin Kaepernick en 2016 hasta los incidentes recientes que involucran a figuras como Azeez Al-Shaair, parece haberse instaurado una política de silencio y control disciplinario que prioriza la imagen corporativa sobre la libertad de expresión.
El texto señala que, aunque la liga ha intentado mostrar una cara más inclusiva en años recientes, los castigos severos y el aislamiento de jugadores que manifiestan posturas críticas sugieren una “ley mordaza” implícita. En el caso de Al-Shaair, se menciona que el escrutinio sobre su comportamiento y sus declaraciones ha sido utilizado por la liga para enviar un mensaje claro: la política no tiene lugar en el emparrillado, especialmente en vísperas de eventos de alta audiencia como el Super Bowl LX.
Para los especialistas citados, esta evolución muestra que la NFL ha perfeccionado sus mecanismos para neutralizar cualquier discurso que pueda incomodar a patrocinadores o sectores conservadores del público. A pesar de los esfuerzos de justicia social que la liga promociona en sus estadios, el reportaje concluye que el control sobre la voz de los atletas es hoy más estricto que nunca, dejando poco espacio para el activismo que una vez encabezó Kaepernick.
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Este análisis pone de relieve la tensión constante entre los derechos individuales de los deportistas y los intereses comerciales de las grandes ligas. Mientras la NFL se prepara para su gran final en Santa Clara, el debate sobre el silencio impuesto recuerda que el campo de juego sigue siendo un terreno donde la política y el deporte chocan de forma inevitable, a pesar de los intentos institucionales por evitarlo.
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