Una pieza de madera, una cuerda con nudos y un reloj de arena dieron origen al nudo, una unidad que todavía se utiliza en la navegación

Durante el siglo XV, los marineros necesitaban conocer la velocidad de sus embarcaciones mientras navegaban en alta mar. Para resolverlo crearon la corredera, un instrumento sencillo que utilizaba una pieza de madera atada a una cuerda marcada con nudos.
La madera se lanzaba desde la popa mientras el barco avanzaba y la cuerda comenzaba a salir al agua. Las marcas estaban separadas aproximadamente por una braza, equivalente a 1.67 metros, y un reloj de arena permitía medir un periodo cercano a 30 segundos.
Durante ese intervalo, los marineros contaban cuántos nudos pasaban por sus manos. Si se contabilizaban diez, por ejemplo, la velocidad se registraba como diez nudos. De este procedimiento surgió el nombre de una unidad que actualmente equivale aproximadamente a 1.85 kilómetros por hora.
Con el paso del tiempo, la corredera evolucionó y fue reemplazada por sistemas electromagnéticos, radares, posicionamiento satelital y dispositivos Doppler mucho más precisos. Sin embargo, el nudo permaneció como una medida fundamental para barcos y también para la velocidad del viento, demostrando cómo una solución artesanal terminó convirtiéndose en una referencia internacional.