El Gobierno de Irán denunció que la vivienda del legendario director de cine Abbas Kiarostami sufrió daños materiales tras los recientes bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel.
Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, lamentó que ni siquiera el hogar del ganador de la Palma de Oro en Cannes por El sabor de las cerezas se librara de la ofensiva iniciada el pasado 28 de febrero. Según el funcionario, este ataque no solo representa una agresión contra un Estado, sino una ofensiva directa contra la cultura y la identidad de una civilización profundamente arraigada. La denuncia busca resaltar la vulnerabilidad de sitios de importancia histórica y cultural frente a las operaciones militares en curso.
Por su parte, el hijo del cineasta y presidente de la Fundación Kiarostami, Ahmad Kiarostami, confirmó los hechos a través de sus redes sociales, aunque aclaró el alcance de los desperfectos. Según su reporte, los daños en la propiedad de su padre, fallecido en 2016, se limitaron a la rotura de algunas ventanas. A pesar de la naturaleza menor de los daños físicos, el simbolismo del lugar ha generado una ola de indignación entre la comunidad cinematográfica internacional en este 2026.
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La figura de Kiarostami es fundamental para entender el cine contemporáneo, habiendo cosechado cerca de 40 premios internacionales a lo largo de su prolífica carrera. Entre sus logros destacan dos Espigas de Oro en la Seminci de Valladolid por obras maestras como A través de los olivos y Copia certificada. Su legado artístico ha servido como un puente cultural entre Irán y el resto del mundo, lo que hace que cualquier afectación a su memoria personal sea vista como un agravio a la cinematografía mundial.
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El portavoz Baqaei cuestionó irónicamente si la figura del fallecido director representaba una “amenaza inminente” para los países agresores, subrayando la resiliencia del pueblo iraní ante la adversidad. Las autoridades aseguran que el país se fortalecerá gracias a sus raíces culturales frente a lo que califican como una “guerra de caprichos”. Mientras la tensión bélica continúa, la protección del patrimonio cultural de figuras tan influyentes como Kiarostami permanece como una preocupación constante para las organizaciones internacionales.
