
Las rivalidades entre seguidores de grupos surcoreanos han derivado en ataques digitales, insultos racistas y amenazas contra quienes cuestionan las conductas de sus ídolos
El K-pop se ha convertido en un fenómeno musical global capaz de movilizar a millones de seguidores para recaudar fondos, impulsar campañas sociales y llevar a artistas a la fama internacional. Sin embargo, las mismas comunidades digitales que han fortalecido a la industria también se han convertido en espacios de acoso, amenazas y ataques personales contra quienes son señalados de cruzar los límites de sus ídolos.
Uno de los casos más recientes ocurrió en agosto, cuando una joven japonesa de 26 años, integrante de la comunidad de seguidores del grupo Enhypen, fue encontrada muerta en su departamento en Seúl, Corea del Sur. La mujer había quedado en el centro de una controversia después de intentar llamar la atención de uno de los integrantes durante un concierto en Estados Unidos.
Las imágenes del incidente circularon rápidamente en redes sociales y provocaron críticas de otros seguidores, quienes interpretaron su comportamiento como una transgresión de los límites entre los artistas y sus admiradores. La reacción derivó en ataques personales, amenazas e intentos de revelar su identidad, incluso después de que la joven ofreciera disculpas.
De acuerdo con reportes de medios surcoreanos, familiares de la mujer señalaron que los comentarios publicados en internet la habían lastimado profundamente. El caso volvió a poner sobre la mesa los riesgos del hostigamiento digital y las consecuencias que pueden tener las campañas de odio contra personas expuestas en redes sociales.
Las agresiones también afectan a seguidores que denuncian discriminación racial dentro de las comunidades del K-pop. Fanáticos negros han reportado insultos y hostigamiento por cuestionar la apropiación cultural o señalar actitudes racistas dentro de la industria musical surcoreana.
Ante esta situación surgieron espacios como K-pop Noir, una comunidad de Reddit donde seguidores racializados comparten experiencias y debaten sobre racismo e insensibilidad cultural. Sin embargo, sus moderadores han denunciado incursiones de usuarios de otros fandoms que buscan silenciar las conversaciones y hostigar a quienes participan.
Las rivalidades entre comunidades de seguidores tampoco son nuevas. Durante años, las disputas entre ARMY, el fandom de BTS, y EXO-L, seguidores de EXO, han protagonizado enfrentamientos en internet que en ocasiones alcanzan a personas ajenas a las controversias originales.
La intensidad de estas comunidades está relacionada, en parte, con la forma en que funciona la industria del K-pop. Para muchos seguidores, apoyar a un grupo no significa únicamente escuchar sus canciones, sino participar activamente en campañas de reproducción, compras de álbumes, votaciones y actividades destinadas a impulsar el éxito de sus artistas favoritos.
En este entorno existe un vocabulario propio. Los lanzamientos musicales suelen denominarse “regresos”, el integrante favorito de una persona es conocido como “bias” y quienes hacen campañas contra un artista son identificados como “antis”. También hay seguidores que apoyan exclusivamente a un integrante, lo que puede provocar tensiones dentro de una misma comunidad.
La relación entre artistas y admiradores se ha fortalecido mediante plataformas digitales que ofrecen transmisiones en vivo, mensajes exclusivos y contenido cotidiano. Servicios como Bubble y Weverse permiten a los seguidores experimentar una mayor cercanía con sus ídolos, aunque esa relación también puede alimentar expectativas de acceso personal y sentimientos de posesión sobre la vida privada de los artistas.
Yena Lee, profesora adjunta del Departamento de Cultura Mediática del College of Staten Island de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, explicó que los seguidores del K-pop pueden asumir un papel semejante al de representantes de sus artistas favoritos. La industria ha impulsado durante años esta participación mediante concursos musicales en los que las reproducciones, las compras y los votos de los fanáticos contribuyen a determinar a los ganadores.
Las redes sociales ampliaron el alcance de estas prácticas, al permitir que cuentas administradas por seguidores coordinen campañas internacionales y establezcan objetivos de reproducción para impulsar canciones y álbumes en las plataformas digitales.
La competencia dentro del sector también contribuye a la presión que experimentan los grupos y sus comunidades. Un estudio que examinó mil 182 agrupaciones debutantes entre 1996 y 2025 encontró que alrededor de 45 por ciento se disolvió en un periodo de tres años, mientras que la duración promedio de los grupos fue de poco más de cuatro años.
Esta dinámica puede intensificar la sensación de urgencia entre los seguidores, que consideran indispensable mantener a sus artistas en los primeros lugares para garantizar su permanencia y éxito comercial.
El problema del acoso digital también ha afectado directamente a integrantes de la industria. Sulli, exintegrante del grupo f(x), recibió durante años comentarios ofensivos por sus relaciones personales, sus opiniones feministas y sus publicaciones en internet. La cantante denunció reiteradamente el hostigamiento antes de morir por suicidio en octubre de 2019, a los 25 años.
Tras su muerte, distintas empresas de entretenimiento reforzaron la vigilancia de las comunidades digitales y solicitaron a sus seguidores que reportaran publicaciones relacionadas con difamación, insultos y acoso sexual contra los artistas.
Las discusiones sobre la responsabilidad de los ídolos también han generado controversias dentro de los fandoms. En 2016, BTS recibió críticas por letras consideradas sexistas y su líder, RM, reconoció posteriormente que había consultado a una profesora de estudios de género para comprender mejor el significado del feminismo.
Más recientemente, las críticas se dirigieron contra RM y J-Hope después de que asistieran a un concierto de Chris Brown en Toronto, en agosto. Algunos seguidores cuestionaron su presencia debido a los antecedentes de violencia del cantante estadounidense contra las mujeres y a la falta de pronunciamientos sobre el tema.
El crecimiento mundial del K-pop ha convertido a sus comunidades de seguidores en una fuerza cultural y comercial, pero también ha evidenciado la necesidad de establecer límites frente a las agresiones digitales. La defensa de un artista, la rivalidad entre grupos o las diferencias de opinión no justifican las amenazas, el racismo ni el hostigamiento contra otras personas.
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