La ciencia ha confirmado que la caída en el recuento de espermatozoides no es solo una percepción, sino una realidad biológica que se está acelerando de manera preocupante en todo el mundo.
Según datos recientes, el recuento total de espermatozoides ha disminuido más de un sesenta por ciento en las últimas cinco décadas, pasando de una concentración media de ciento un millones por mililitro en los años setenta a menos de cincuenta millones en la actualidad. Lo más alarmante para los investigadores es que, desde el inicio del siglo veintiuno, el ritmo de este descenso se ha duplicado, superando el dos punto seis por ciento anual, lo que sitúa a una parte creciente de la población masculina cerca del umbral de la infertilidad natural.
Este fenómeno no se limita a regiones específicas, sino que se ha verificado como una tendencia global que afecta a hombres en todos los continentes. Aunque factores sociales como el retraso en la edad para buscar la paternidad influyen en la natalidad, el deterioro de la calidad seminal apunta directamente al estilo de vida y a factores ambientales. La obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo y las dietas ricas en alimentos ultraprocesados son señalados como responsables directos, sumados a la exposición constante a disruptores endocrinos y microplásticos presentes en el entorno cotidiano. Ante este escenario, los expertos sugieren que la reproducción asistida podría dejar de ser una opción médica para convertirse en una necesidad estructural para la especie si no se modifican los hábitos de salud pública y se reducen los contaminantes que alteran el equilibrio hormonal masculino.
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