“El jardín que soñamos” une la migración haitiana y la tala ilegal en México

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La película de Joaquín del Paso inauguró la competencia de ficción del Festival Internacional de Cine de Morelia con una historia que conecta el desplazamiento humano, la migración de la mariposa monarca y la destrucción de los bosques

La migración de una familia haitiana y el recorrido de las mariposas monarca se encuentran en medio de la tala ilegal de los bosques mexicanos en “El jardín que soñamos”, el largometraje del cineasta Joaquín del Paso que abrió la competencia oficial de ficción del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) 2026.

La película aborda dos fenómenos migratorios aparentemente distintos, pero unidos por una misma necesidad de supervivencia: el desplazamiento de personas que buscan mejores condiciones de vida y el viaje de una especie que depende de los bosques para completar su ciclo natural.

La historia sigue a Esther, Junior y sus hijas, Flor y Aisha, una familia haitiana que atraviesa México con la esperanza de encontrar un futuro mejor en el norte del continente americano. Durante su recorrido, los protagonistas llegan a una zona boscosa del centro del país, donde se enfrentan a un entorno marcado por la explotación forestal clandestina y la violencia.

El director explicó que la idea de realizar la película surgió durante la pandemia de covid-19, cuando observó un incremento de personas migrantes que permanecían en México ante las dificultades para continuar su camino hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, comenzó a interesarse por las noticias sobre la tala ilegal y la disminución de la población de mariposas monarca.

Del Paso relató que, mientras recorría carreteras del Estado de México y Michoacán, comenzó a observar numerosos camiones cargados con madera procedente de árboles talados. Aquellas imágenes despertaron su interés por conocer lo que sucedía en los bosques y las dificultades para frenar la extracción clandestina de recursos naturales.

A esa preocupación se sumó el impacto de la pérdida de hábitat de la mariposa monarca, una especie que cada año realiza una extensa migración desde Norteamérica hasta los bosques del centro de México para pasar el invierno.

De esta manera, el cineasta encontró el vínculo narrativo entre ambas historias: una familia que busca un lugar seguro para vivir y una especie que necesita conservar su hábitat para sobrevivir. En la película, las dos migraciones coinciden en un bosque de oyameles amenazado por la ambición humana.

La producción también explora las condiciones que enfrentan las personas migrantes durante su tránsito por México. A través de la experiencia de la familia haitiana, muestra la incertidumbre, la precariedad y los riesgos que pueden surgir cuando quienes buscan una nueva oportunidad quedan expuestos a redes de explotación.

Esther se convierte en una figura central del relato al intentar proteger a sus hijas mientras enfrenta las dificultades del camino. Junior, por su parte, lidia con las heridas de su pasado y los desafíos de adaptarse a una nueva realidad, en una historia que combina la supervivencia familiar con la denuncia de la violencia y el deterioro ambiental.

El largometraje fue filmado en bosques del Estado de México y Michoacán, territorios donde la tala clandestina representa una amenaza para los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos. La cinta busca mostrar cómo la explotación de los recursos naturales transforma el paisaje y pone en riesgo tanto la biodiversidad como las formas de vida vinculadas con los bosques.

Para construir el relato, Del Paso desarrolló el guion de manera intuitiva durante aproximadamente un año. El proceso consistió en encontrar un equilibrio entre la historia de la familia, la destrucción forestal y la presencia de las mariposas monarca como símbolo de esperanza y resistencia.

El realizador explicó que trabajó durante meses con distintas versiones del montaje antes de encontrar el ritmo que consideraba adecuado para transmitir el sufrimiento de los personajes y la intensidad de las situaciones que enfrentan.

La película combina intérpretes profesionales con participantes haitianos y mexicanos, y utiliza principalmente el criollo haitiano para acercarse a la experiencia de sus protagonistas. La actriz Nehemie Bastien interpreta a Esther, mientras que Faustin Pierre da vida a Junior. Kimaëlle Holly Preville y Ruth Aicha Pierre Nelson interpretan a las niñas Flor y Aisha.

La fotografía, realizada en colaboración con Gökhan Tiryaki, desempeña un papel fundamental en la propuesta cinematográfica. El bosque no funciona únicamente como escenario, sino como un elemento central de la narración, mediante imágenes que destacan la lluvia, la humedad, la niebla y la inmensidad del paisaje.

El director buscó que la naturaleza tuviera una presencia propia dentro de la historia y que el espectador percibiera tanto su belleza como su vulnerabilidad ante la tala ilegal. La intención es que la destrucción de los árboles se experimente como una pérdida que afecta al entorno y a quienes encuentran en él un espacio para vivir.

Antes de su presentación en Morelia, “El jardín que soñamos” tuvo participación en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde abordó ante públicos internacionales la relación entre migración, violencia y crisis ambiental.

Del Paso destacó la importancia de compartir la historia de la mariposa monarca con espectadores que quizá no conocen de cerca este fenómeno natural. Para el cineasta, incorporar su migración a una obra de ficción permite conectar una problemática ambiental con una historia humana y generar empatía más allá de las fronteras.

Con esta producción, el realizador busca que el público reflexione sobre las consecuencias de la explotación forestal y las dificultades que enfrentan quienes abandonan sus países en busca de seguridad y oportunidades. La película plantea que tanto las personas migrantes como las especies animales dependen de encontrar condiciones que les permitan sobrevivir.

“El jardín que soñamos” se suma así a las propuestas del cine mexicano que utilizan la ficción para abordar problemas sociales y ambientales contemporáneos, con una historia que reúne el desplazamiento humano, la fragilidad de los ecosistemas y la búsqueda de un lugar al que se pueda llamar hogar.

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