Durante años la avena ha sido considerada el componente ideal para un desayuno saludable gracias a sus beneficios cardiovasculares y su capacidad para generar saciedad, pero investigaciones recientes de instituciones como la Universidad de Monash han señalado que este superalimento tiene un margen de tolerancia digestiva más estricto de lo que se pensaba.
Aunque es rica en beta-glucanos que ayudan a reducir el colesterol malo, la avena también contiene fructanos, que son carbohidratos de cadena corta conocidos como FODMAP. Estos compuestos no se absorben correctamente en el intestino delgado y viajan directamente al intestino grueso, donde las bacterias los fermentan rápidamente produciendo gases, hinchazón abdominal y, en algunos casos, malestar general o diarrea.
La advertencia de la ciencia establece que la zona segura para la mayoría de las personas se sitúa en los cincuenta y dos gramos de avena, lo que equivale aproximadamente a media taza. Superar el umbral de los sesenta o setenta gramos puede disparar la presencia de fructanos en el sistema digestivo, convirtiendo un desayuno teóricamente antiinflamatorio en un detonante de distensión abdominal, especialmente para quienes padecen el Síndrome del Intestino Irritable. No se trata de eliminar este cereal de la dieta, ya que sigue siendo una herramienta excelente para prevenir picos de insulina y controlar el peso, sino de ajustar las porciones a la tolerancia individual de cada organismo. Aquellos que presenten síntomas digestivos recurrentes deberían probar a reducir su ración diaria para mantenerse dentro de los límites sugeridos por los expertos y así disfrutar de sus propiedades nutricionales sin comprometer el bienestar gastrointestinal.
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