Emma Corrin protagonizará la nueva versión de Netflix de la obra de Jane Austen. La actriz aportará una visión moderna al icónico personaje de Elizabeth Bennet.
Netflix ha confirmado que Emma Corrin, reconocida por su papel como la joven Diana Spencer en The Crown, encabezará el elenco de la nueva adaptación de Orgullo y Prejuicio. La producción, desarrollada en el Reino Unido, busca ofrecer una lectura moderna de la novela de 1813 sin perder la sátira y la esencia moral del texto original. Corrin asumirá el reto de interpretar a Elizabeth “Lizzy” Bennet, una heroína definida por su agudeza intelectual y su firme determinación de casarse por amor y no por conveniencia económica.
La elección de Corrin es vista como una apuesta estratégica de la plataforma, dada la conexión entre la naturaleza rebelde del personaje y el espíritu independiente de la intérprete. Corrin, quien se identifica como una persona queer y utiliza pronombres neutros (they/them), ha destacado en la industria por cuestionar las categorías tradicionales, una actitud que resuena con la resistencia de Elizabeth Bennet ante las rígidas convenciones sociales de la época georgiana.
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Este nuevo proyecto se suma a la larga tradición cinematográfica de la obra de Austen, que ha contado con interpretaciones memorables de actrices como Greer Garson (1940), Jennifer Ehle (1995) y Keira Knightley (2005). El desafío para Corrin será aportar un matiz propio a un papel que exige una transición compleja desde el prejuicio inicial hacia el autoconocimiento, manteniendo la profundidad psicológica que ha cautivado a lectores durante más de dos siglos.
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Bajo la dirección de Netflix, la serie promete revitalizar el arco dramático entre Lizzy Bennet y Fitzwilliam Darcy para una nueva generación. Si la producción logra capturar la intensidad interpretativa y la vulnerabilidad que Corrin demostró en sus trabajos previos, esta versión podría consolidarse como un capítulo fundamental en la historia audiovisual de la literatura inglesa, subrayando la vigencia de una mujer que se atrevió a definir su propia felicidad.





