Una nueva investigación publicada en la revista PeerJ ha transformado nuestra comprensión sobre el desarrollo del Tyrannosaurus rex. Mediante el análisis de anillos de crecimiento en huesos fósiles de 17 ejemplares distintos, un equipo de científicos determinó que el “rey de los dinosaurios” tenía un crecimiento mucho más lento y prolongado de lo que se creía anteriormente. Mientras que durante décadas se pensó que estos depredadores alcanzaban la madurez total alrededor de los 25 años, los nuevos datos indican que este proceso se extendía hasta los 40 años.
El estudio, liderado por la paleontóloga Holly Woodward, explica que el T. rex no experimentaba un estirón repentino y masivo en su juventud, sino que mantenía un aumento de tamaño constante y sostenido durante décadas. Este crecimiento progresivo permitía que los ejemplares jóvenes ocuparan nichos ecológicos diferentes a los de los adultos, evitando la competencia por el alimento entre miembros de la misma especie de distintas edades. Este hallazgo sugiere un modelo de supervivencia mucho más complejo y eficiente para el dinosaurio más famoso de la historia.
Gracias al uso de modelos estadísticos avanzados y al conjunto de datos más grande jamás reunido sobre la especie, los investigadores lograron recrear una trayectoria de vida más precisa. Al llegar a su etapa adulta tardía, estos ejemplares podían alcanzar pesos cercanos a las ocho toneladas. Esta maduración lenta refuerza la idea de que los grandes dinosaurios tenían ciclos de vida más parecidos a los de algunos reptiles longevos o mamíferos de gran tamaño actuales, desafiando la imagen del crecimiento acelerado que se tenía en el pasado.
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El descubrimiento de que el T. rex vivía y crecía durante tanto tiempo abre nuevas interrogantes sobre su comportamiento social y sus hábitos de caza. Si los jóvenes eran más ágiles y pequeños durante más tiempo, es probable que cazaran presas distintas a las de los pesados adultos, funcionando casi como especies diferentes dentro del mismo ecosistema. Esta flexibilidad biológica explicaría por qué el T. rex logró dominar su entorno con tanto éxito hasta el final de la era de los dinosaurios, consolidándose como una de las máquinas biológicas más fascinantes que han caminado sobre la Tierra.
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