
La edición 24 del FICM reconoció a películas de ficción, documentales y cortometrajes, con especial atención a las historias independientes y al talento emergente
El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) concluyó su edición 24 con una ceremonia de premiación en el Teatro Melchor Ocampo, donde se reconocieron producciones mexicanas de ficción, documentales y cortometrajes, además de proyectos que buscan completar su proceso de producción y llegar a las salas de cine.
El encuentro cinematográfico reunió durante varios días a realizadores, actores, productores y especialistas de la industria audiovisual. La programación destacó por la diversidad de historias y por la participación de cineastas consolidados y nuevas generaciones interesadas en explorar temas sociales, políticos, familiares y ambientales.
La película Seis meses en el edificio rosa con azul, dirigida por Bruno Santamaría Razo, obtuvo el premio Ojo a Mejor Largometraje Mexicano. La producción también recibió el Premio del Público en la categoría de ficción nacional, lo que confirmó su conexión con los espectadores que acudieron a las proyecciones del festival.
En la competencia de ficción, Nicolás Pereda fue reconocido como Mejor Director por Lo demás es ruido, mientras que Teresa Sánchez recibió el premio a Mejor Actriz por su participación en la misma película. El galardón a Mejor Actor fue para Sam Louwyck por su trabajo en Salón de belleza.
Joaquín Ruano obtuvo el premio a Mejor Guion por Nosotros, mientras que el reconocimiento a Mejor Fotografía fue para Gökhan Tiryaki por El jardín que soñamos, dirigida por Joaquín del Paso. Esta última producción recibió además una mención especial del jurado, que destacó su propuesta dentro de la competencia.
El premio Casa Wabi-Escine a Mejor Ópera Prima fue otorgado a Fernanda Tovar por Chicas tristes, una distinción que impulsa el desarrollo profesional de realizadores que presentan sus primeros largometrajes y buscan consolidar una trayectoria dentro de la industria cinematográfica.
En la categoría documental, Forensita, de Pablo Vaca, obtuvo el Ojo a Mejor Largometraje Documental Mexicano. La película fue reconocida entre las producciones que utilizan el lenguaje cinematográfico para explorar realidades y experiencias que suelen recibir menor atención en los circuitos comerciales.
Por su parte, Los mariachis perdidos, de Francisco Ohem, recibió una mención especial. En esta sección también destacó Mi sangre es petróleo, documental de Vania Carolina Quevedo que obtuvo el reconocimiento La Musa, concedido por la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión.
La competencia de cortometrajes también reconoció distintas propuestas narrativas y visuales. Cuerda manual, de Gustavo Obregón, ganó como Mejor Cortometraje de Ficción Mexicano; Voces del bosque, de Teresa Camou y Arturo López Barrera, obtuvo el premio a Mejor Cortometraje Documental, y Cuna de lobas, de Emilia Schettino Bustamante, fue reconocida como Mejor Cortometraje de Animación.
En la Sección Michoacana, el premio Ojo fue para Buenos días, buenas noches, buenas tardes, de Adrián González-Camargo. El Concurso Michoacano de Guion de Cortometraje reconoció a Virgen de la esperanza, de Rafael Martínez García.
Además de premiar películas terminadas, el festival mantuvo su apuesta por proyectos que se encuentran en etapas de desarrollo y posproducción mediante la plataforma Impulso Morelia 12. Esta iniciativa ofrece apoyos y oportunidades de vinculación para que los cineastas puedan completar sus obras y encontrar vías de distribución.
Entre los proyectos destacados estuvieron Homeboys, de Alonso Garibay y Alejandro Bernal; Galerna, de Tatiana Huezo; Toda el agua del mundo, de Diego del Río; Legítima, de Elisa Miller; Raká, de Teresa Camou, y Katechon, de Javier Toscano.
La edición también contó con la participación de figuras reconocidas del cine, entre ellas Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Gael García Bernal, quienes formaron parte de las actividades que acompañaron las proyecciones y encuentros de la semana.
Los discursos de los ganadores estuvieron marcados por referencias a la memoria, la responsabilidad social y la defensa del medio ambiente. Algunas producciones aprovecharon el espacio para llamar la atención sobre problemáticas nacionales, mientras que otras dedicaron sus reconocimientos a personas cuidadoras, activistas y comunidades que han enfrentado situaciones de violencia o pérdida.
Con la entrega de sus premios, el Festival Internacional de Cine de Morelia reafirmó su papel como una plataforma para visibilizar el cine independiente mexicano y facilitar el encuentro entre creadores, público y profesionales de la industria. La diversidad de propuestas reconocidas mostró la presencia de nuevas voces y el interés por contar historias que reflejan distintas realidades del país.
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