Conflicto eleva precios de energía y fertilizantes, con impacto directo en alimentos básicos
La guerra en Irán ha encendido alertas internacionales por su impacto en la seguridad alimentaria global, al afectar cadenas de suministro clave y encarecer insumos esenciales para la producción de alimentos.
Uno de los principales factores de riesgo es la interrupción del tránsito en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde circulan combustibles, fertilizantes y productos básicos utilizados en la agricultura mundial.
El encarecimiento de la energía y del gas natural —insumos fundamentales para la fabricación de fertilizantes— ha provocado un aumento significativo en los costos agrícolas, lo que podría traducirse en incrementos en productos como pan, pasta y aceites.
Además, organismos internacionales advierten que el conflicto podría agravar el hambre a nivel global. El Programa Mundial de Alimentos estima que hasta 45 millones de personas adicionales podrían enfrentar inseguridad alimentaria si la guerra se prolonga.
El impacto no se limita a la producción, ya que también afecta la distribución de alimentos, especialmente en regiones altamente dependientes de importaciones, como Medio Oriente, donde una interrupción prolongada podría generar escasez severa.
A esto se suma el aumento en los precios de productos específicos, como el pistacho —del cual Irán es uno de los principales productores—, lo que refleja las tensiones en los mercados globales y anticipa posibles ajustes en la industria alimentaria.
Expertos advierten que la combinación de altos costos energéticos, dificultades logísticas y menor disponibilidad de insumos podría generar un efecto en cadena que impacte directamente en los consumidores, especialmente en países con menor capacidad económica.
En este contexto, la evolución del conflicto será clave para determinar si el mundo enfrenta una nueva crisis alimentaria similar a la registrada en años recientes.
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