En algunas especies, los machos participan activamente en la incubación o el “parto” de los huevos

En la mayoría de los animales, los machos no pueden poner huevos ni parir crías, porque no tienen los órganos reproductores necesarios para hacerlo. La reproducción suele dividirse entre hembras (que producen huevos o crías) y machos (que fecundan).
Sin embargo, en la naturaleza hay casos que pueden parecer “al revés” de lo habitual. Uno de los más conocidos es el de los caballitos de mar, donde la hembra deposita los huevos en una bolsa del macho.
En esa bolsa, el macho fertiliza los huevos y los mantiene protegidos durante su desarrollo, funcionando como una especie de “incubadora viviente”.
Cuando las crías están listas, el macho las expulsa al exterior mediante contracciones, un proceso que se asemeja a un parto, aunque biológicamente no sea lo mismo que el de las hembras.
También existen otras especies donde los machos incuban huevos, como el pingüino emperador o algunas aves y peces, encargándose de proteger y mantener calientes los huevos hasta que nacen las crías.
En conclusión, los machos no ponen huevos ni paren en sentido estricto, pero en varias especies sí pueden cargar, incubar y “dar a luz” a las crías de forma indirecta mediante mecanismos evolutivos muy particulares.
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