A menos de dos meses de su reinauguración oficial, el Estadio Azteca (ahora conocido comercialmente como Estadio Banorte) ha entrado en una fase crítica de su remodelación.
Las obras se han intensificado en la parte exterior del inmueble con la instalación de una estructura metálica en la zona alta, la cual formará un anillo perimetral o copete que rodeará todo el coloso. Este nuevo elemento no solo renovará la silueta del estadio, sino que servirá como soporte para una serie de pantallas externas que modernizarán la fachada de cara a la Copa del Mundo 2026.
Al interior del recinto, los avances también son notables con la colocación de las nuevas butacas, el sistema de iluminación y las pantallas gigantes, además de que el césped ya se encuentra instalado. Las imágenes compartidas recientemente por cuentas especializadas en infraestructura deportiva muestran cómo el proyecto empieza a tomar su forma definitiva, cumpliendo con los estándares de FIFA para albergar el partido inaugural el próximo 11 de junio. A pesar de la magnitud de los trabajos, los responsables de la obra mantienen la meta de entregar el estadio a tiempo para los compromisos internacionales programados.
Sin embargo, el calendario es ajustado, ya que se espera que el inmueble sea estrenado en marzo con un partido de gala entre la Selección Mexicana y Portugal. Este encuentro servirá como la prueba de fuego definitiva para evaluar la funcionalidad de las nuevas instalaciones y el flujo de aficionados. Con las cuadrillas trabajando a marchas forzadas, el Coloso de Santa Úrsula busca recuperar su estatus como uno de los templos más modernos del futbol mundial, combinando su mística histórica con tecnología de vanguardia en su estructura superior.
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La remodelación del Estadio Azteca es un proyecto ambicioso que busca adaptar un icono de los años 60 a las exigencias del siglo XXI sin perder su esencia. La inclusión de un anillo de pantallas exteriores es una tendencia vista en los estadios más modernos de Europa y Estados Unidos, permitiendo una interacción constante con los aficionados incluso antes de entrar al recinto. Este cambio visual será el más drástico en la historia del estadio, marcando el inicio de una nueva era para el futbol mexicano y consolidando la candidatura del país como un anfitrión de clase mundial.
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