Un estudio en China muestra que los parques solares pueden reducir la biodiversidad al destruir y fragmentar hábitats, aunque existen alternativas para evitarlo

La expansión de la energía solar está generando un nuevo desafío ambiental: encontrar un equilibrio entre la producción de electricidad limpia y la conservación de los ecosistemas. Un estudio realizado en China encontró que la instalación de parques fotovoltaicos puede afectar de manera importante a las poblaciones de aves.
Investigadores de universidades chinas y estadunidenses analizaron información de plantas solares instaladas durante una década en 2 mil 344 condados y la compararon con mapas de diversidad de aves. Los resultados mostraron impactos generalizados, aunque con diferencias dependiendo de la región y las especies.
Entre las aves más afectadas se encuentran aquellas que anidan en la vegetación, además de especies carnívoras y omnívoras. La construcción de los parques requiere modificar el terreno, eliminar vegetación y fragmentar los espacios, lo que reduce los lugares disponibles para anidar y también altera las fuentes de alimento.
Los científicos proponen que las nuevas instalaciones se concentren en zonas áridas o terrenos previamente degradados que tengan menor biodiversidad. En China, por ejemplo, el desierto del Gobi aparece como una alternativa para reducir el impacto sobre ecosistemas más ricos.
El problema también está presente en España, donde varias especies de aves esteparias dependen precisamente de los terrenos abiertos y áridos que resultan atractivos para instalar paneles solares. Los especialistas consideran que la energía renovable y la conservación de las aves pueden coexistir, pero advierten que la clave está en elegir cuidadosamente dónde construir los parques y evaluar el impacto ambiental de cada proyecto.