La NASA y diversas instituciones científicas anunciaron que la misión Artemis II, programada para llevar humanos alrededor de la Luna, contará con un experimento biológico revolucionario: la utilización de “órganos en chips” para estudiar los efectos de la radiación y la microgravedad en el cuerpo humano.

Estos dispositivos, del tamaño de una memoria USB, contienen células humanas vivas que imitan las funciones biológicas de órganos reales como el corazón, los riñones y el hígado. El objetivo es observar cómo responden estos sistemas al entorno hostil del espacio profundo sin poner en riesgo la integridad física de la tripulación.
Los chips cuentan con microcanales que replican el flujo sanguíneo y el intercambio de nutrientes, permitiendo observar el envejecimiento celular acelerado.
A diferencia de la Estación Espacial Internacional (EEI), Artemis II viajará más allá del campo magnético protector de la Tierra, exponiendo las muestras a niveles de radiación cósmica mucho más elevados.
Los datos obtenidos ayudarán a desarrollar fármacos y contramedidas para prevenir la pérdida de densidad ósea y problemas cardiovasculares en futuros viajes a Marte.
El uso de esta tecnología permite realizar pruebas que serían imposibles o poco éticas en seres vivos. Al analizar cómo se degradan o se adaptan estos “mini órganos”, los científicos pueden predecir con mayor exactitud qué tipo de protección necesitarán los astronautas durante estancias prolongadas en la superficie lunar.
Este proyecto representa un hito en la astrobiología, consolidando a la misión Artemis II no solo como un logro de ingeniería aeroespacial, sino como un laboratorio flotante esencial para la supervivencia humana fuera de nuestro planeta.
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