Un nuevo estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition ha puesto en duda la creencia popular de que una dieta vegetariana es el camino definitivo hacia la longevidad, especialmente cuando se trata de superar los ochenta años de edad. Tras analizar datos recopilados durante dos décadas en una encuesta de longevidad en China que siguió a más de cinco mil participantes mayores de ochenta años, los investigadores descubrieron que quienes consumen carne de forma regular tienen un veinticinco por ciento más de probabilidades de alcanzar el centenario en comparación con los vegetarianos estrictos. Este hallazgo sugiere que, si bien reducir el consumo de carne puede ser beneficioso durante la juventud y la mediana edad para prevenir enfermedades crónicas, las necesidades nutricionales del cuerpo cambian drásticamente al entrar en la vejez extrema.
La explicación científica de este fenómeno se encuentra en la lucha contra la fragilidad y la sarcopenia, que es la pérdida progresiva de masa muscular asociada al envejecimiento. Las proteínas de origen animal, presentes en la carne, los huevos y la leche, poseen una alta biodisponibilidad que ayuda a los ancianos a mantener el músculo y las reservas de energía necesarias para enfrentar situaciones de estrés biológico. Esta investigación destaca la paradoja de la obesidad en la vejez, donde tener un poco de reserva de grasa y una buena musculatura actúa como un seguro de vida contra la desnutrición. El impacto negativo del vegetarianismo en la longevidad extrema se observó principalmente en individuos con un índice de masa corporal bajo, lo que indica que para los ancianos delgados, el consumo de alimentos de origen animal funciona como un factor protector vital para sobrevivir más allá de los noventa años.
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