A pocos días de la celebración del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium de Santa Clara, diversas organizaciones de derechos civiles y defensa de los inmigrantes han alzado la voz para exigir a la NFL garantías reales sobre la seguridad de los asistentes.
Aunque la liga y las autoridades federales han emitido comunicados asegurando que no habrá operativos migratorios, estos grupos consideran que la presencia masiva de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) genera un clima de intimidación y miedo para la comunidad latina.
La petición central de estas organizaciones es que se establezca una política de manos fuera por parte de los agentes federales en lo que respecta a la verificación de estatus migratorio durante toda la semana del evento. Los activistas señalan que, bajo el pretexto de la seguridad nacional y la lucha contra el comercio de mercancía falsificada, se despliega un aparato de vigilancia que podría ser utilizado para detenciones discrecionales. Subrayan que un evento de esta magnitud debe ser un espacio seguro y acogedor para todos los aficionados, sin que su origen o situación legal sea una causa de preocupación.
Por su parte, los representantes de la campaña de presión ciudadana han solicitado a la NFL que utilice su influencia para limitar el papel de estas agencias a tareas estrictamente técnicas y de protección contra amenazas externas. El temor radica en que el uso de tecnologías de reconocimiento facial y la vigilancia por drones, habituales en estos eventos de alta prioridad, se conviertan en herramientas de control migratorio. La exigencia es clara: la liga debe priorizar la protección de sus fanáticos por encima de la colaboración con agencias que, según denuncian, tienen un historial de hostilidad hacia las comunidades vulnerables.
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La tensión entre la seguridad de los grandes eventos y el respeto a los derechos civiles es un tema recurrente en las sedes de California, un estado que mantiene políticas de santuario para proteger a sus residentes. Esta movilización social pone a la NFL en una posición delicada, obligándola a equilibrar los estrictos protocolos de seguridad federales con las demandas de una base de aficionados diversa y políticamente activa. El éxito del Super Bowl LX no solo se medirá en el campo de juego, sino también en la capacidad de la organización para cumplir su promesa de inclusión en un entorno altamente vigilado.
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