Las plataformas ofrecen opciones para eliminar, conservar o administrar cuentas tras la muerte de un usuario.

Las cuentas en redes sociales y otros servicios digitales no desaparecen automáticamente cuando una persona fallece. Su destino depende de las políticas de cada plataforma y de si el usuario dejó instrucciones previas, como designar un contacto de confianza o un heredero digital para administrar su información.
Empresas como Meta permiten convertir los perfiles de Facebook e Instagram en cuentas conmemorativas o eliminarlas a petición de familiares. En el caso de Google, los usuarios pueden configurar un administrador de cuentas inactivas que decide qué ocurrirá con sus datos si dejan de utilizar sus servicios durante un periodo prolongado.
Otras plataformas, como X, permiten solicitar la desactivación de la cuenta de una persona fallecida, aunque no entregan el acceso a familiares. Cada empresa establece requisitos específicos, como presentar un certificado de defunción y documentos que acrediten el parentesco o la representación legal.
Especialistas recomiendan incluir la llamada herencia digital dentro de la planeación patrimonial. Esto implica dejar instrucciones sobre qué hacer con fotografías, correos electrónicos, archivos en la nube, redes sociales y otros activos digitales para evitar complicaciones a los seres queridos.
La planificación de la vida digital cobra cada vez más importancia debido al crecimiento de la información personal almacenada en internet. Definir el destino de las cuentas antes de fallecer facilita los trámites para la familia y ayuda a proteger la privacidad, la identidad y los recuerdos digitales del usuario.
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