Sundance rompe con el glamour tradicional tras las impactantes denuncias de Natalie Portman y Jenna Ortega sobre la situación migratoria actual.
El festival de Sundance ha dejado de lado por un momento los flashes de las alfombras rojas para convertirse en un foro de denuncia política. En un giro inesperado para muchos asistentes, Natalie Portman y Jenna Ortega lideraron una movilización que puso bajo la lupa al ICE, exigiendo un cese a los abusos en los centros de detención. Este acto transformó la narrativa del evento, priorizando la urgencia social sobre la promoción comercial de las películas.
Para Jenna Ortega, su participación en Sundance fue una declaración de principios más que un compromiso de agenda. La actriz enfatizó que la visibilidad que otorga el cine debe ser utilizada como un megáfono para quienes no tienen voz, criticando duramente la “deshumanización” que enfrentan los migrantes. Su presencia atrajo a una audiencia joven, conectando los problemas de política pública con una base de fans que usualmente no consume noticias legislativas.
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Natalie Portman, por otro lado, utilizó su plataforma en Sundance para cuestionar el uso de fondos públicos en sistemas de control migratorio que ella considera ineficaces y crueles. Portman instó a la industria a no ser cómplice a través del silencio, señalando que la cultura tiene la obligación de reflejar las grietas del sistema. Su discurso fue recibido con ovaciones, marcando uno de los momentos más tensos y significativos de la semana en Park City.
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Este choque entre el cine independiente y el activismo de alto perfil confirma que Sundance sigue siendo el epicentro de la vanguardia ideológica en Estados Unidos. Al finalizar la jornada, quedó claro que la protesta no fue un evento aislado, sino un recordatorio de que las estrellas de Hollywood están cada vez más dispuestas a arriesgar su imagen pública por causas que consideran fundamentales para la justicia humana.





