Un individuo identificado como therian acudió a una clínica veterinaria en San Luis, Argentina exigiendo tratamiento médico, lo que desató un fuerte debate legal.
El caso de un paciente therian que rechazó la medicina humana para buscar auxilio en una veterinaria ha encendido las alarmas en la provincia de San Luis, Argentina. El sujeto, de aproximadamente 40 años, acudió al establecimiento alegando que padecía moquillo, una enfermedad viral que afecta exclusivamente a los animales. La profesional a cargo se negó rotundamente a realizar cualquier procedimiento, argumentando que atender a un humano representaría un ejercicio ilegal de su profesión.
De acuerdo con la presidenta del Colegio de Veterinarios local, la conducta del therian puso a la especialista en una situación sumamente compleja y bajo presión. Aunque el paciente presentaba síntomas de un cuadro gripal común, su insistencia en recibir un diagnóstico animal obligó a la médica a derivarlo respetuosamente a un centro de salud para personas. Este episodio se suma a otros reportes virales sobre individuos que adoptan comportamientos de diversas especies en espacios públicos.
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La comunidad therian se caracteriza por personas que sienten una conexión espiritual o psicológica profunda con un animal, aunque biológicamente se reconozcan como humanos. En este contexto, las autoridades han enfatizado que este tipo de autoidentificación no tiene validez médica ni clínica para recibir tratamientos veterinarios. Los expertos señalan que, si bien es una forma de expresión personal, no debe interferir con los protocolos de salud pública establecidos para la especie humana.
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La controversia ha escalado en redes sociales, donde se han difundido otros testimonios no confirmados sobre agresiones o mordidas vinculadas a este movimiento. Mientras la tendencia sigue creciendo en plataformas digitales, los colegios profesionales instan a la población a respetar las competencias de cada rama de la medicina. Por ahora, el caso del therian en San Luis queda como un precedente sobre los límites legales que enfrentan los veterinarios ante estas nuevas dinámicas sociales.





