
El presidente estadounidense relató una supuesta llamada de la mandataria mexicana tras decretar que el Golfo de México se llamara “Golfo de América”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a referirse al cambio de nombre del Golfo de México y se burló de la reacción que, según relató, tuvo la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuando le comunicó su decisión de denominarlo “Golfo de América”.
Durante un evento con integrantes de la Marina en el puerto de Baltimore, Maryland, Trump recordó una supuesta llamada telefónica que recibió de Sheinbaum después de que decretara el cambio de nombre en 2025. El mandatario estadounidense describió a la presidenta mexicana como una mujer “muy agradable” y destacó incluso su voz antes de relatar la conversación.
De acuerdo con Trump, Sheinbaum le habría pedido que no modificara el nombre del golfo. “Por favor, por favor, dígame que no es así”, afirmó que le dijo la mandataria, ante lo cual él respondió que la decisión ya estaba tomada.
Trump aseguró que el cambio se realizó rápidamente y posteriormente justificó su decisión al argumentar que Estados Unidos concentra la mayor parte de la costa del golfo. El presidente estadounidense afirmó que su país posee 93 por ciento del litoral y México solamente 7 por ciento.
Sin embargo, esa afirmación es incorrecta. De acuerdo con distintos cálculos sobre la extensión de las costas del Golfo de México, Estados Unidos y México tienen proporciones mucho más similares, e incluso México cuenta con una cantidad ligeramente superior de litoral en esa zona.
Sheinbaum ha rechazado de manera reiterada el nombre de “Golfo de América” y ha defendido que el nombre reconocido internacionalmente continúa siendo Golfo de México. La presidenta incluso respondió con ironía en ocasiones anteriores al planteamiento de Trump, al sugerir que Estados Unidos podría ser denominado “América Mexicana”.
El gobierno estadounidense oficializó en enero de 2025 el cambio de denominación para uso dentro de Estados Unidos, aunque la modificación no implica que otros países estén obligados a adoptar ese nombre en sus propios documentos o usos oficiales.
La nueva referencia de Trump ocurre mientras ambos gobiernos mantienen una relación marcada por temas comerciales, migratorios y de seguridad, además de las diferencias públicas que han surgido en torno a asuntos relacionados con la soberanía y la relación bilateral.
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