El nuevo documental de Netflix revela que Yiya Murano no utilizó masitas para envenenar a sus víctimas, desmintiendo uno de los mitos más grandes de Argentina.
La plataforma de streaming ha estrenado una producción que analiza minuciosamente el expediente de la envenenadora de Monserrat. Bajo la dirección de Alejandro Hartmann, el filme cuestiona la creencia popular de que el cianuro estaba oculto en las facturas o masas finas. Según los expertos consultados, Yiya habría introducido el veneno directamente en los saquitos de té para aprovechar que el sabor amargo de la sustancia se camuflaba mejor en la infusión caliente.
El documental reconstruye los hechos ocurridos a finales de los años 70, cuando tres mujeres cercanas a la protagonista murieron tras compartir una merienda con ella. La investigación forense realizada en su momento confirmó la presencia de sustancias letales en los organismos de las víctimas, todas vinculadas por deudas económicas. A través de este relato, se busca separar la realidad histórica de la leyenda urbana que Yiya misma ayudó a alimentar durante sus años de mayor exposición en la televisión nacional.
Te podría interesar: Zayn Malik: reportan agresión contra Louis Tomlinson
Un punto central de la narrativa es el testimonio de su hijo, Martín Murano, quien aporta una visión cruda y alejada del carisma mediático que su madre proyectó en los años 90. La obra cuenta con la participación de periodistas especializados y allegados a las familias afectadas, quienes intentan devolverle la dignidad a las víctimas de las estafas. La figura de Yiya es diseccionada como una estafadora que utilizó su posición social para engañar a sus amigas más íntimas antes de decidir eliminarlas.
Véase también: Nicole Kidman: de la gloria en Venecia al duelo íntimo
La producción ya se encuentra disponible para todos los suscriptores, ofreciendo una mirada profunda a la psicopatía y la frialdad con la que se cometieron los crímenes. Este enfoque del true crime busca no solo entretener, sino educar sobre la complejidad de uno de los casos más oscuros de la criminología sudamericana. Al finalizar el visionado, queda claro que la imagen pintoresca de la anciana que regalaba bombones en los sets de televisión escondía a una criminal extremadamente calculadora y peligrosa.





