Un estudio revela que cada vez más adolescentes buscan apoyo emocional en chatbots, un fenómeno que preocupa a expertos en salud mental.
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual para millones de adolescentes que buscan orientación emocional, apoyo psicológico o simplemente alguien con quien hablar. Un estudio de la RAND Corporation realizado entre jóvenes de 12 a 21 años encontró que el 13.1% utiliza IA generativa para recibir consejos sobre salud mental, cifra que aumenta hasta el 22.2% entre quienes tienen de 18 a 21 años. Además, cerca de dos tercios de estos usuarios recurren a estas herramientas al menos una vez al mes.
El atractivo de los chatbots radica en su disponibilidad permanente, la ausencia de costos y la sensación de privacidad. Según la investigación, el 92.7% de los jóvenes que utilizan estas herramientas considera que los consejos recibidos les resultan útiles. Para muchos adolescentes, la posibilidad de expresarse sin sentirse juzgados representa una alternativa accesible frente a las dificultades para obtener atención psicológica profesional.
Sin embargo, especialistas y organizaciones médicas han advertido sobre los riesgos de convertir a la IA en un sustituto de la terapia profesional. La Asociación Estadounidense de Psicología señaló que los modelos de lenguaje están diseñados para generar respuestas convincentes y empáticas, pero carecen de comprensión clínica real y no pueden diagnosticar ni tratar trastornos mentales de manera segura.
La preocupación aumentó después de que investigadores de la Universidad de Stanford encontraran que algunos chatbots ofrecieron respuestas inseguras o inapropiadas en aproximadamente uno de cada cinco casos relacionados con salud mental. Los expertos advierten que una IA puede no detectar correctamente situaciones de crisis, pensamientos suicidas o trastornos graves que requieren intervención humana especializada.
Pese a estas limitaciones, muchos profesionales consideran que la inteligencia artificial puede funcionar como una herramienta complementaria y no necesariamente como un reemplazo de la terapia. El principal desafío para los próximos años será desarrollar sistemas más seguros que puedan orientar a los usuarios hacia ayuda profesional cuando sea necesario, mientras los sistemas de salud mental buscan responder a una demanda creciente entre las nuevas generaciones.
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