El Gobierno de México confirmó la recepción de una invitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que el país forme parte de la denominada Junta de Paz, un organismo internacional propuesto por la Casa Blanca que busca supervisar un plan de pacificación centrado inicialmente en la Franja de Gaza y que podría extenderse a otros conflictos globales.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo informó este martes que, aunque la invitación fue recibida formalmente por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la postura oficial aún está en análisis y será definida en los próximos días conforme a los principios de la política exterior mexicana. En su conferencia matutina, Sheinbaum destacó que México ha adoptado históricamente una postura basada en la autodeterminación de los pueblos y subrayó que la decisión debe alinearse con esos criterios, así como con el reconocimiento de Palestina como estado.
“El documento fue recibido y está siendo evaluado por la SRE. México es un país que ha reconocido a Palestina como nación, y en ese marco estamos valorando qué respuesta daremos”, dijo la mandataria sin ofrecer una fecha concreta para la resolución del tema.
La Junta de Paz fue presentada por Trump la semana pasada durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, como un cuerpo internacional destinado a supervisar y ejecutar planes de paz, empezando por Gaza, donde los esfuerzos por un alto al fuego y la reconstrucción enfrentan obstáculos persistentes. Hasta ahora, reportes internacionales indican que al menos una decena de países han recibido invitaciones similares, entre ellos Rusia, India y varios estados europeos y asiáticos, algunos de los cuales ya han expresado interés o reservas ante la iniciativa.
La propuesta ha generado respuestas mixtas en distintos frentes: algunos países aceptaron participar e incluso firmar acuerdos preliminares, mientras que otros han manifestado dudas sobre la estructura, la financiación y la legitimidad del organismo, planteando que ningún mecanismo alternativo podría sustituir el papel de la Organización de las Naciones Unidas en la mediación de conflictos.
En varios casos, líderes han dejado claro que la adhesión requerirá un examen detallado del mandato, la independencia del órgano y su relación con los marcos multilaterales existentes. Un análisis internacional reciente incluso advierte que, más allá de su propósito declarado, la iniciativa representa un intento por reposicionar a Estados Unidos en el centro de la diplomacia global a través de un foro paralelamente competitivo con entidades tradicionales de cooperación.
La evaluación mexicana se produce en un momento de particular sensibilidad en las relaciones con Washington, tras meses de diálogo y tensiones en materia migratoria, seguridad y comercio. Si bien el Gobierno de México ha mantenido —hasta ahora— una postura de cooperación estratégica con las autoridades estadounidenses, también ha insistido en la soberanía nacional como principio rector de su política exterior, especialmente en temas que involucran participación en organismos internacionales.
La administración de Sheinbaum enfrenta, además, un contexto político interno complejo: sectores de la sociedad civil y distintos partidos han debatido la conveniencia de alinearse con iniciativas encabezadas por Estados Unidos, dada la historia de intervenciones y tensiones diplomáticas entre las naciones. La posición formal que adopte México podría influir en su proyección internacional y en su papel en otros foros multilaterales, como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea.
Mientras la SRE analiza con lupa el contenido y las implicaciones del ofrecimiento, la presidencia ha subrayado su intención de privilegiar diálogo, respeto al derecho internacional y soluciones pacíficas a los conflictos globales. La respuesta oficial del Gobierno mexicano está prevista para ser anunciada esta misma semana, una vez que se concluya la revisión técnica y política del documento recibido de la Casa Blanca.
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